arquitectura contemporánea en bélgica 2018

Recientemente he realizado una escapada a Bélgica. Era un país que tenía pendiente de visitar desde hace muchos años, y las 2 obras que han realizado RCR en este país fueron la excusa perfecta para planificar esta nueva aventura arquitectónica. Finalmente Bruselas me ha servido de punto de partida para visitar otras dos naciones muy próximas: Holanda y Francia. Por ello, el resultado final de mi viaje han sido seis ciudades de tres países: Bruselas, Brujas, Gante, Amberes, Eindhoven y Lille.

La mejor guía para visitar este abierto y pacífico” país centroeuropeo es “Best Buildings Belgium”, publicado por Luster, una editorial  con sede en Amberes y que está especializada en arquitectura. En realidad se trata de un libro de bolsillo que enumera y ubica  94 obras realizadas en Bélgica a lo largo del siglo XX y principios del XXI. La primera edición fue en 2012 y en 2018 ha nacido una versión ampliada que no pude adquirir entre mis manos hasta justo después de regresar de mi viaje. Sin duda es una guía muy recomendable y que sirve para tener una visión general del país en lo que a arquitectura contemporánea se refiere. Los autores de la mayoría de las obras son desconocidos para mí, aunque también existen algunos más relevantes del panorama internacional (J.Hoffmann, M.Breuer, V. Horta, Le Corbusier, C. de Portzamparc, Neutelings Riedijk, Claus en Kaan, etc). Cuando se observa el plano de Bélgica con la ubicación de las obras, resulta curioso comprobar cómo todas se hallan en la mitad norte del país. Es decir, en Flandes. Como si la mitad Sur (Valonia) se encontrara separado del Norte por un gran muro que dividiera la nación horizontalmente. Es evidente que la zona ubicada al norte es la región que acumula mayor desarrollo y mayor riqueza. Ligada al mar, al comercio, cosmopolita, ha sido siempre el motor económico del país. Flandes comparte el idioma con sus vecinos de los Países Bajos, aunque se denomine de forma diferente. Algo que se nota especialmente en Amberes, la ciudad que más me ha gustado a nivel arquitectónico y que denota, a través de sus edificios, su carácter más evolucionado; un lugar que resulta menos turístico en base a su pasado y que realiza una mayor apuesta por el futuro.

A grandes rasgos, debo reconocer que durante mi periplo europeo he visto menos arquitectura contemporánea de la que esperaba; y la que he descubierto, no me ha interesado especialmente. Porque “nuevo” o “diferente” no significa ser de calidad. Sobre todo cuando se plantean constantemente anodinas cajas de cristal en una inexplicable invasión del centro de las grandes ciudades.

Afortunadamente se conservan en buen estado numerosos edificios históricos, a pesar de los múltiples incendios acontecidos por doquier a lo largo de los siglos. Algunos de forma fortuita; otros, intencionados. No en vano el centro de Europa fue escenario de múltiples escenas bélicas de lo más atroces.

Por ello, a falta de arquitectura de  mi interés, he aprovechado el tiempo para abrir los ojos y analizar el funcionamiento de las ciudades que he visitado. Al entrar en cualquier estación de tren de Bruselas (la “capital de Europa” y de un país neutral y de libre de pensamiento) grupos de soldados que pasean tranquilamente con enormes armas automáticas en sus manos me recuerdan que vivo inmerso en una guerra silenciosa. Por la calle, bicicletas conducidas por jóvenes semi-esclavos de la “economía colaborativa” atraviesan a toda velocidad céntricas plazas y calles con un enorme cubo de tela en sus espaldas. En los despachos se debate acerca de la legalidad de los pisos turísticos, otro punto de conflicto entre la tradición y la  modernidad. Airbnb o Uber son los nuevos gigantes de un mundo que se mueve demasiado rápido y que necesitan una legislación que proteja a todas las partes involucradas. Los turistas que llegan a las ciudades caminan sin mirar hacia arriba; en su mano derecha, una ruidosa troley les sigue atentamente sin hacer preguntas. En su mano izquierda, el dedo pulgar alzado permite intuir que el móvil que se apoya sobre la palma de su mano abierta hace las funciones de mapa gracias a su infalible navegador “google maps”. Y al caer la tarde, niños de corta edad juegan dentro de una caja de cartón imaginando que es un coche; o un tren; aunque en realidad ese frágil volumen marrón será su hogar durante una buena temporada.

(….)

Conocer la historia reciente te permite comprender el desarrollo de cada región. Si Brujas está “anclada en el tiempo” y mantiene un encanto especial es por la desaparición de su puerto marítimo. Una infraestructura que se desplazó a su hermana Amberes, que sirvió como refugio para los diamantes de la India; un detalle nada baladí y que sirvió para atraer a muchos judíos. Algo parecido a lo acontecido en Rotterdam (Países Bajos).

La historia se repite siempre: el comercio en la época medieval supone la consecución de grandes cantidades de dinero y con ello la aparición de las clases sociales. La arquitectura comienza así a hablar de sus moradores y se utiliza como signo de distinción frente al resto. Un signo que llega hasta nuestros días, aunque poco a poco lo material vaya perdiendo importancia y se valoren más otras riquezas vitales no materiales.

Mi primera visita en Bruselas fue la “Grand place”. El centro neurálgico de la ciudad, donde a pesar de los terribles errores arquitectónicos de su principal edificio, el gran “atrezzo” tridimensional funciona como un potente imán para los turistas de todos los rincones del mundo. Inexplicablemente de los lugares más lejanos. Y el gran valor de esta plaza es precisamente el vacío lleno de gente.

En esta ciudad también disfruté del barrio del sablón, que esconde algunos tesoros del pasado en sus múltiples tiendas de antigüedades. Y del edificio de viviendas alternativo “Cheval-noir”, ubicado en poco turístico barrio de Molenbeek. Aquí convive un volumen deconstructivista forrado de zinc con un edificio existente rehabilitado, y que quedan comunicados por múltiples pasarelas.

En Gante, la “biblioteca de Krook“ ocupa un lugar privilegiado de la ciudad. Un espacio céntrico y muy visible, aunque a la vez poco accesible. El proyecto fue publicado extensamente en la revista el croquis en junio de 2017. Concretamente en el Nº 190, un monográfico (el tercero de esta editorial) sobre los arquitectos RCR. El estudio de Olot, Girona que poco tiempo antes había alcanzado el máximo galardón de nuestra profesión: el premio Pritzker 2017. Sobre papel, esta obra nunca me cautivó. Una gran caja de lamas de aluminio en color bronce que no termina de entenderse exteriormente. Una mezcla entre la Biblioteca Sant Antoni de Barcelona y el edificio de oficinas de Sant Cugat del Vallés. Y tras haberla visitado, la sensación no ha variado. Desde mi punto de vista, los autores se han centrado mucho en el programa, en el funcionamiento y en la materialidad de los elementos. Pero en esta obra no se perciben las sensaciones que transmiten la mayoría de sus obras. Nada que ver con el museo Soulages, otra obra coetánea. Por ello, lo más destacado es el minucioso estudio de los materiales, colores y texturas para conseguir una uniformidad de color y una (casi) perfección en el encuentro de los distintos elementos.

Mi incursión a los Países bajos fue tremendamente fugaz en esta ocasión: visita de un día a Eindhoven, la capital del diseño (y de Philips). Una pequeña ciudad del sur del país desconocida para mí, que prometía mucho pero que finalmente me decepcionó. La pequeña “caja” Effenaar (sala de conciertos) de MVRDV es de lo más destacable, muy próxima a la zona comercial (el corazón de la villa) y su estación de tren.

Aunque para decepciones mi incursión en Francia. Lille ha variado muy poco en los últimos 20 años. Es una ciudad que visité junto a mis compañeros en un viaje organizado por la escuela de Arquitectura de San Sebastián.En aquel momento esta ciudad hizo una gran apuesta por la modernización y le sirvió para obtener pocos años después el galardón de “Capital Europea de la Cultura”. Pero desde entonces, el estancamiento de esta urbe es evidente y apenas se han construido algunos bloques de viviendas en la zona sur de la ciudad. Los grandes equipamientos que se construyeron en las postrimerías del siglo XX (Koolhaas, J. Nouvel. , C de Portzamparc) se mantienen impertérritos soportando el paso del tiempo. Junto a ellos han surgido nuevos edificios de oficinas, hoteles, etc de escaso interés que no han conseguido volver a hacer brillar a esta ciudad gala como lo hizo en el pasado.

Finalmente, tuve la suerte de visitar Amberes. Una ciudad rica en la que se respira modernidad y diseño. Y no precisamente por el Museo Aan de Stroom ( MAS) de los holandeses Neutelings-Riedijk. Un proyecto pésimo que ganó un concurso de ideas (sic) y que resulta tremendamente desafortunado en cuanto a funcionamiento, distribución y estética. Más bien por otras actuaciones que se perciben en la ciudad, y entre las que existe una clara protagonista: Zaha Hadid (DEP) y su edificio de oficinas portuarios. Una de sus últimas obras (finalizada en 2016, poco después de su trágico desenlace) y que simplemente resulta inigualable. Apabullante. Demoledora. Enérgica. Una escultura gigantesca que recuerda a la proa de un barco accediendo al puerto de  Amberes.

Ubicada al norte de la ciudad, en una plaza que merecidamente lleva el nombre de su autora, se alza como icono de una nueva era. Sirve además como punto de referencia dentro del entorno de agua salada en el que se ubica. Para mí, es una de las mejores obras que he visitado de esta genio iraquí que supo ser fiel a sí misma y encontrar su propio hueco en el mundo. El acceso al interior del edificio es posible concertando una cita previa, y debo reconocer que hacerlo para mí es causa justificada para volver a Amberes. Os recomiendo que ampliéis información sobre esta joya arquitectónica con el nombre de “ Port of Antwerp”.

Bélgica quizás no sea la panacea del diseño y la arquitectura, pero bien merece un viaje. ¡Hasta la próxima!

sociedad gastronómica en vitoria-gasteiz

Hoy es presento un pequeño proyecto que realicé hace tiempo, pero que he rescatado porque me gusta mucho. Desgraciadamente, no puedo ver la luz. Y quizás por eso ( seguro) , me guste aún más.

El encargo suponía el acondicionamiento de un pequeño local ubicado en la planta baja de un bloque de viviendas del extrarradio de vitoria-gasteiz. Un espacio inevitablemente volcado al interior. Un ejercicio de introspección que habla de dinamismo y una vez más de movimiento detenido en el tiempo. Trasladando a la arquitectura el principio de “inacción” que ha caracterizado al fotógrafo estadounidense William Eggleston.

Es una propuesta que plantea la expansión de un espacio a través de la luz, las perspectivas infinitas y el juego de volúmenes interiores. Un lugar de sueños, de conversaciones, de juegos, de abrazos, de besos, de sabores, de miedos y de secretos. Todo mezclado en un crisol llamado vida.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y para mí, el plano que acompaña a estas palabras me sugiere infinidad de ideas. De posibilidades. De acabados.

El gran protagonista que dinamiza el espacio es el cuerpo convexo de la cocina. Genera una tensión espacial que fuerza la circulación hacia a ambos lados, permitiendo descubrir las distintas áreas previstas dentro de un espacio único. Y de esta forma el comedor, la barra, el estar y la zona de juegos disponen de espacios exclusivos sin perder el contacto con el resto de los usuarios.

Este tipo de proyectos dicen mucho de mí; es la arquitectura que refleja mi estilo, quien soy; y que busca enriquecer los proyectos y llenar la vida gracias a la combinación de materiales, texturas y colores.

 

museo soulages. rodez, francia

El museo Soulages es un hito en sí mismo. Marca un antes y un después en la vida cultural de una pequeña localidad francesa llamada Rodez (situada 200 kms al norte de Toulouse) y en la ya imparable trayectoria de sus tres artífices. Porque como seguramente todos sabéis, esta es una de las primeras obras internacionales de relevancia proyectada por el estudio multidisciplinar olotense RCR arquitectes.

El museo actúa como elemento de fijación de una difícil topografía: un terreno en ladera abierto al horizonte lejano. Porque Rodez está en lo alto de una colina, y el emplazamiento disponible para esta obra es absolutamente privilegiado. El museo resuelve magistralmente las dos escalas, los dos niveles y el programa de museo necesario. Y lo hace con rotundidad, como todas las obras de Rafael, Carme y Ramón. De esta forma, museo y paisaje se funden en perfecta armonía y ya no se puede imaginar el uno sin el otro. Ambos se necesitan y alimentan mutuamente bañados por  la luz del sol que acaricia los volúmenes de acero corten sin que nadie se interponga en su trayectoria. Resulta inevitable trasladarse con la mente hasta una obra de su primera etapa: la “casa horizonte”, la vivienda unifamiliar de “la Fina” en la Vall de Bianya (2003).

Mi primer conocimiento de la existencia de este edificio fue a través de la revista El croquis nº 162 (segundo monográfico sobre RCR), publicado en 2012. En aquel momento  la documentación publicada era escasa, con alguna fotografía de la obra (volúmenes macizos de hormigón armado). Y realmente no fui muy consciente en aquel momento de la relevancia de esta obra. Cuatro años después, en la exposición monográfica organizada en el Museo ICO de Madrid a principios de 2016, fui plenamente consciente de la fuerza y el alcance de esta obra. Hasta el día de hoy, cuando puedo afirmar que el Museo Soulages es una obra cuidada, enérgica e integradora.

El embrión de este gran trabajo es la idea de crear un museo para el influyente pintor contemporáneo Pierre Soulages en su localidad natal. Un encargo que llega en mitad de una importante crisis en el sector de la construcción en nuestro país. Un factor que, lejos de perjudicar la carrera de RCR, sirvió para forzar la apertura internacional de su obra. Con diversos encargos en marcha en el país galo, este proyecto obtuvo el primer premio de un concurso de ideas. Fue elaborado entre 2008 y 2011, y los trabajos de construcción se desarrollaron entre 2011 y 2014.

Nos encontramos ante una obra con la marca personal de RCR. Sus obras se caracterizan por volúmenes rotundos, de gran personalidad, y que además suelen tener el gran suerte de implantarse en parcelas privilegiadas. En este caso, el edificio  está compuesto por cinco piezas opacas de diferente tamaño, dispuestas perpendicularmente a la ladera. Quedan unidas entre sí por un cuerpo acristalado de menor altura y que recorre longitudinalmente los cinco grandes cuerpos revestidos de acero corten. Esta espina dorsal es fuerte y concede unidad al conjunto, a pesar de ser atravesada por una gran escalera exterior de cuatro tramos, que resulta absolutamente imprescindible para mantener la circulación de personas entre el nivel superior (parque) y la zona baja de la ciudad. De este modo, el pequeño auditorio queda suspendido a modo de pasarela entre dos piezas más pesadas: el pabellón de acceso  y el restaurante “café Bras”.

El acceso al edificio queda perfectamente identificado gracias a una marquesina de enorme dimensión  y escasa altura respecto al suelo que permite crear una zona exterior cubierta. Se halla muy próximo del acceso al restaurante, que a su vez posee una doble entrada: desde el interior del museo (en horario de apertura al público) y directamente desde el parque, justo donde desembarca la gran escalera ascendente exterior.

Al acceder al interior del museo nos encontramos con un luminoso lobby de doble altura que se diferencia del tratamiento dado a la mayoría de los espacios  del museo. En  este nivel se localiza la tienda del museo, y el anteriormente mencionado auditorio. Una gran escalera  blanca (en este caso descendente) da acceso al nivel inferior donde se desarrolla el programa expositivo.

Lo primero que llama la atención cuando uno se adentra en el nivel inferior de este edificio es el cuidado tratamiento de las superficies. De todos los elementos. Una labor de depuración absoluta, que se une al ritmo estructural interminable que fragmenta transversalmente los espacios y al recorrer el edificio. Un ritmo que permite incluir en el techo un esquema repetitivo: franja perimetral de cartón yeso con placa central microperforada del mismo material y dos carriles eléctricos donde disponer los focos necesarios para iluminar las salas. Todo ello pintado en un impoluto negro. Las instalaciones se reducen a la mínima expresión, y la climatización de los diferentes espacios solo emergen a través de unas toberas de impulsión en los espacios de gran altura, y rejillas en suelo en las salas de menor dimensión, quedando siempre ocultas las rejillas de retorno.

Los acabados seleccionados para  revestir las paredes son el acero visto, el acero pintado con esmalte en color acero natural y el cartón yeso cubierto con pintura en color imitación al acero. Para los suelos, en todas las salas se han empleado chapas de acero de diferentes medidas siguiendo siempre un patrón.

Los muros acristalados disponen de estores de color negro para permitir lógicamente el control de la luz natural y crear precisamente una atmósfera íntima y envolvente que permita centrarse en el trabajo pictórico de Pierre Soulages. Esta atmósfera general se interrumpe puntualmente con salas que han recibido  un tratamiento antagónico, y en los que las paredes son totalmente blancas, y un gran techo acristalado permite la entrada cenital de una potente luz natural hacia el interior. Esto sucede en las dos cajas más esbeltas (estrechas y largadas) de acero corten.

Sin duda, nos encontramos ante una obra magistral, cuya visita resulta imprescindible para los amantes de la arquitectura contemporánea.

Escuela hogar en Morella, Castellón. 1986-1994

Un inesperado viaje me ha trasladado por mi cumpleaños hasta el mediterráneo. Y en el camino, he tenido la gran suerte de volver a visitar el interior de la escuela hogar de Morella. Sus autores eran unos jovencísimos Enric Miralles (DEP) y Carme Pinós inmersos en una meteórica carrera. Con un lenguaje propio, desarrollaron un estilo deconstructivista muy diferente a todo lo existente en aquel momento. Su relación sentimental y laboral se rompió en 1990 (antes de la construcción de este centro educativo). Lo deja bien claro la portada de la edición conjunta de la revista El croquis (número 30+49-50), un ejemplar que consulté muchísimo durante mi época de estudiante. Por ello, la dirección de obra del edificio de Morella la llevó en exclusiva Carme Pinós.

Hoy día muchos estudiantes de arquitectura con los que hablo no conocen a ninguno de los dos arquitectos, a pesar de que la segunda sigue en activo. Y bueno, las iniciales del  primero siguen operativas en el estudio barcelonés de la que fuera su segunda y última pareja sentimental y profesional: Benedetta Tagliablue. Pero para mí, EMBT es sólo la luz de una estrella que ya se apagó y antes o después terminará por extinguirse. Y es que desgraciadamente Enric nos abandonó en 2002 siendo muy joven (47 años).

La primera vez que estuve en Morella fue en el año 1999, recién licenciado en la escuela de arquitectura. En pleno agosto, recuerdo que un calor espantoso derretía el hormigón de los suelos y de las paredes exteriores. Acompañado por la conserje de este colegio (que residía allí) y con mi cámara réflex analógica en la mano me adentré en el interior de este impresionante centro escolar. En aquel momento ya conocía perfectamente el edificio (planos y fotografías), pero su gran complejidad hacía imprescindible visitarlo.

En aquella época, arquitectos y estudiantes de arquitectura de todos los lugares de España y del extranjero recorrían los edificios de este equipo de técnicos que había conseguido crear un lenguaje propio y colarse en lo más alto del panorama internacional. Fue una carrera fulminante, convulsa y fugaz a la vez, pero su trabajo sirvió para ofrecer una visión muy personal de la arquitectura contemporánea, reinterpretando los principios de la modernidad corbuseriana. Recuerdo que siendo estudiante, al término de una pequeña conferencia de Miralles en el centro Arteleku de San Sebastián, me acerqué hasta él y le pregunté, desde mi inocencia e ignorancia, en qué se inspiraba para desarrollar sus proyectos. La respuesta me sorprendió muchísimo, porque Enric mencionó en primer lugar a Le Corbusier. En aquel momento no pude entenderlo. Hoy, con el paso del tiempo, por fin he comprendido sus palabras. En Morella, de hecho, se pueden reconocer múltiples huellas del gran maestro suizo, como los brise-soleil verticales empleados en el exterior y en el interior de esta escuela. O las puertas pivotantes. O las composiciones geométricas de las fachadas. Pero también recurre a la cubierta ajardinada, la fachada libre, la ventana horizontal, etc.

La visita que he realizado en esta ocasión me ha trasladado inexorablemente en el tiempo. Y a la vez, me ha servido para ver el efecto que éste ha producido sobre esta emblemática obra.

Al aparcar mi coche en la explanada superior del centro, me da la bienvenida un potente canalón de sección en “V” que descuelga de una cubierta triangular de acero corten y me anuncia la presencia cercana de una arquitectura transgresora. Una línea interminable que recorre de lado a lado la fachada a frente de parcela y tensa el espacio como un arco a punto de disparar una flecha. Comienzo a descender la rampa de acceso al edificio siento que estoy penetrando en el interior de un trozo de la historia. Al menos de mi historia, la que me acompañó siendo estudiante y la que acompañará siempre. Esta obra se adapta al terreno, como un conjunto de piezas caídas sobre una áspera ladera, dejando que luz, aire, paisaje y edificio convivan en armonía.

Mi nuevo encuentro con este gran trabajo fue posible gracias a la actual directora (Pilar) a la que agradezco su tiempo y amabilidad. De su mano pude recorrer el interior de esta original obra y desgranar su opinión como principal responsable del funcionamiento del edificio. De este modo pude conocer los problemas de corrientes de aire interiores que sufren, y que ha supuesto la colocación de una doble puerta de acceso en algunas zonas. También han padecido filtraciones de agua sobre las aulas. Por ello, la gran terraza con lucernarios trapezoidales ha tenido que rehacerse por completo en dos ocasiones. Esto ha supuesto la alteración sustancial de la estética de esta zona, donde no solo se ha sustituido el material de revestimiento, sino que además se han eliminado lucernarios, bancos y los pocos lucernarios que han mantenido han quedado sobre elevados respecto al pavimento. También se han introducido bajantes de zinc donde antes la salida del agua de lluvia recogida se vertía libremente sobre el terreno (por ejemplo, en la zona de la entrada, al final de la rampa).Algunos cambios derivados del uso pueden comprenderse; otros, no tanto. La seguridad de las barandillas siempre fue un tema delicado en esta obra. Hoy día no cumpliría con el Código Técnico. Y en su momento, Carme Pinós defendía el diseño en las conferencias diciendo que “frente al mar tampoco existen barandillas, y no por ello las personas se precipitan sobre él”. A pesar de todo ello, actualmente apenas se han alterado algún pequeño tramo y sin embargo no consta la caída de ningún niño derivada de la seguridad de sus antepechos.

La acción de la naturaleza y las bajas temperaturas del invierno en también han causado daños sobre el edificio. Morella se encuentra a 984 metros de altitud, y en mi reciente paseo por esta obra pude observar soleras y losas de hormigón rajadas/escamadas, aplacados de piedra fracturados, elementos metálicos oxidados, etc. Y por los datos que poseo, el gran portón rojo con ruedas  ubicado en la entrada principal se soltó de sus fijaciones y los responsables del centro decidieron que lo mejor era que fuera retirado. Mejor suerte tuvo la enorme puerta pivotante del gimnasio, que a pesar de ceder (y caer) pudo ser recolocada en misma ubicación. A pesar de todo ello considero que la obra se encuentra en buen estado de conservación, seguramente porque ha estado en uso y ha tenido un mantenimiento adecuado. Porque otras obras de los mismos autores como la instalaciones de tiro con arco de Vall d´Hebron presentan un importante estado de deterioro.

En el año 2011 adquirí en Barcelona un libro recién publicado. Bajo el título “Enric Miralles a izquierda y derecha (también sin gafas)” el joven escultor catalán2.0  David Bestué analiza desde una opinión muy personal la mayoría de las obras del arquitecto, con la perspectiva del paso del tiempo y desde unos ojos “diferentes”. Este libro es muy recomendable pero debo reivindicar que quien hizo el encargo se olvidó incluir a Carme Pinós, al que nadie puede negar su participación en dichas obras a pesar de que, seguramente, el gran mérito deba recaer sobre Enric.

Recomiendo visitar esta gran obra, aunque soy consciente de que a la mayoría de los vecinos de esta pequeña localidad castellonense este edificio les parece espantoso. Pero es por desconocimiento. Porque si te dejas llevar, puedes adéntrate en el maravilloso mundo imaginado por Carme y Enric, disfrutar del juego interior de los espacios, saborear los pequeños detalles y comprender el valor del ingente trabajo que hay detrás de su obra.

A mí me ha encantado como la primera vez, y volveré en cuanto tenga ocasión. Porque si fuera posible, desearía permanecer en el interior sin prisas, con los planos de planta en la mano y aprendiendo de una arquitectura única e inimitable. Para mí, la escuela hogar de Morella es un imprescindible. Gracias, Enric (DEP) y Carme.

introducción al museo soulages

Inmerso en una trepidante y magnética vorágine que me atrapa inexorablemente para terminar la casa 33, he podido escaparme unos días a Francia con la excusa de visitar el Museo Soulages. Se trata de la primera gran obra de RCR arquitectes fuera de nuestras fronteras y supuso el camino de no retorno hacia la consecución del Pritzker en 2017. Esta escapada se ha producido casualmente justo un año después de haber recorrido gran parte de su obra por la provincia de Girona. Un viaje que sin duda marcó mi visión de la arquitectura.

Próximamente espero poder escribir acerca de mi visita a este contundente y original construcción de acero, y contextualizarla con el resto de su obra. Aprovecho para dar las gracias por su simpatía al grupo de estudiantes de tercer curso de  la Escuela de Arquitectura de Donosti (donde yo estudié), con los cuales coincidí de forma totalmente fortuita en la puerta de este museo. Me trasladó a mis años de estudiante, cuando yo disfrutaba de la misma forma que ellos descubriendo por Europa con mis profesores obras emblemáticas de grandes arquitectos.

Una de esas estudiantes me preguntó directamente: “ ¿ La arquitectura es tu gran pasión?. Y yo le respondí: “Sí. Totalmente”. Y pensé hacia mi interior: “Si no, no estaría aquí solo en mitad de Francia”. La ilusión es muy importante, y hay que alimentarla cada día. Con la arquitectura, también.

reforma de portal en vitoria-gasteiz

 

Hoy quiero compartir con vosotros uno de los últimos espacios que poseen mi firma. Se trata de un portal ubicado en el centro de vitoria-gasteiz, donde la geometría juega con el espacio, abrazando el aire y envolviendo a las personas que lo atraviesan. Donde la luz de la calle atraviesa el techo del portal y se diluye en un gran espejo ubicado al fonde del espacio. Y todo esto sucede gracias al gran protagonista de esta obra: la lámpara “RAY ONE”. Un prototipo diseñado por mí y que simplemente ha quedado espectacular.

Las obras nunca se terminan. Se abandonan. Y tampoco resultan jamás como fueron imaginadas. Con suerte, se aproximan. En el camino se pierden intenciones deseadas; y se encuentran sensaciones inesperadas. A veces el resultado es simplemente sorprendente. Para bien o para mal. Pero la búsqueda de un lenguaje propio se transmite en cada proyecto. A través de cada línea, de cada superficie. De cada espacio.

No me interesan las ideas: me importa el resultado. El estilo (aunque no sea el mío). Lo que me transmiten los espacios. Porque las ideas pueden ser muy interesantes, pero si no hay sentimientos es porque la calidad de esa arquitectura no es suficientemente buena.

Esta obra de reforma de portal vuelve a transmitir la idea de “movimiento detenido en el tiempo”. Una obsesión en mi trabajo. Un espacio donde las líneas se abren y se cierran; se juntan y se separan. Donde los reflejos confunden y los límites se diluyen. Público. Privado. Portal. Frontera. Suelo. Pared. Techo. ¿Dónde está el límite?

A pesar de los pequeños cambios acontecidos a lo largo de la obra, estoy contento con el resultado.

cumpliendo sueños

Estoy en esa edad en la que dejas de cumplir años y comienzas a cumplir sueños. En una etapa en la que comienzas a recoger los frutos del trabajo diario y dispones de la perspectiva suficiente para saber qué es lo que quieres. Mi vida es la arquitectura; y me interesa, porque es donde quiero pasar el resto de mi vida. El primer paso es la terminación de ese espacio llamado “hogar”, donde cada persona puede sentirse completamente cómodo y realizado. Porque ahora, desde la madurez y enriquecido por los avatares del destino, he aprendido a ver con otros ojos el valor de cada pieza que compone ese complejo puzzle denominado “casa”.

La vida es un proceso en el que aprendemos a cada paso. De cada decisión. De cada acierto. Y por supuesto, de cada error. Existen ciertas profesiones que requieren una especial observación del entorno: fotógrafos, escritores, artistas de todo tipo de disciplinas, etc. También en mi profesión. Porque comprender el comportamiento  de las personas es la mejor inspiración que existe para “crear”. A esa capacidad de observación deben añadirse algunos otros “ingredientes”. Entre ellos están el disponer de una especial sensibilidad hacia los estímulos exteriores, una dosis adecuada de búsqueda interior y creatividad, y por último un espíritu que trabaje en la búsqueda de nuevos lenguajes.

Una puerta puede separar dos mundos. Dos estados. Dos situaciones opuestas. En un instante. Y transformar un espacio en dos. Luz u oscuridad. Libertad o cautiverio. Ruido o silencio. Calor o frío. Refugio o peligro. O muchas otras cosas más. Una puerta puede ser la entrada a un universo.Y cuando una puerta se abre por primera vez, la sorpresa que nos depara puede ser enorme. Pura incertidumbre. Excepto en un caso, como el mío. En el que durante muchos años he estado a ambos lados de la puerta, sin poder abrirla, ya que en el interior solo estaba el “vacío”. Por eso, instalar la pasarela de acceso a la vivienda que he proyectado ha sido simplemente emocionante, porque ha actuado como un timón, permitiendo enderezar el rumbo de la nave.

En mitad de un lluvioso y frío invierno, donde apenas puedo sentir el calor del lejano sol, me encuentro plenamente inmerso en el reto más importante de mi vida: la culminación de la casa 33. Un complejo trabajo que conforma lo que he denominado como “fase 2”.El motivo queda más que justificado.

Una labor que supone compaginar el diseño y organización de todos los gremios que intervienen en la obra con mi ya de por sí intenso trabajo como arquitecto. Pero el esfuerzo merece la pena. Y cada avance, por minúsculo que sea, me inunda de satisfacción y me acerca, lentamente pero con paso firme, hacia mi anhelado sueño.

La construcción de mi propia casa-estudio me ha enseñado muchas cosas. Algunas de ellas pueden resultar muy básicas, pero he descubierto que solo indagando hasta llegar al origen de los elementos que nos rodean se consigue avanzar.

El mundo en el que me muevo supone la transformación del medio. Implica la utilización de los recursos naturales existentes  mediante procesos industriales que conforman los diferentes materiales. Y estos elementos, combinados de infinitas formas según el diseño del proyectista, facilitan la creación de nuevos “lugares” gracias a la acción de los diferentes trabajadores que intervienen en la obra. Algunos de esos  trabajos de transformación soy capaz de hacerlos yo mismo (muy pocos) y para el resto existen los diferentes gremios especializados en cada tarea. De esta forma surgen los espacios que habitamos.

El resultado podría ser considerado “mágico” hasta hace muy poco tiempo dentro del espectro que abarca la historia de la humanidad. De este modo ocurren cosas que pueden parecernos “normales”, pero que llevan una larguísima historia detrás. Algo tan básico como pulsar un interruptor y conseguir que una luz se ilumine, o abrir un grifo y que surja un chorro de agua con una fuerza vigorosa. Cosas simples, pero a la vez complejas. Importantes, que demasiadas veces no se valoran en su justa medida. Y que incluso a un arquitecto con una amplia experiencia como yo le hacen reflexionar sobre la importancia de cada pieza que compone una obra, así como del valor presente y futuro de los recursos disponibles.

Y así, paso a paso, avanzo con decisión hacia la consecución de mi próxima meta. Con algunos miedos. Con muchas dudas. Pero también con una desbordante dosis de ilusión. Y sabiendo en todo momento que el resultado es completamente mío. Para bien o para mal. Porque seguramente cometa errores. Por diferentes motivos. Pero esto es algo que no me importa .Diseñar cada una de las piezas que componen el complejo puzle de la arquitectura implica descartar otras infinitas opciones.

En las obras que he hecho hasta ahora sólo ha habido pequeñas pinceladas de mí. Y estoy orgulloso de mi trabajo, pero las circunstancias no siempre te dejan espacio para la libertad creativa. De hecho, hasta ahora sólo he podido ser yo mismo en el proyecto fin de carrera: un parque de bomberos en San Sebastián. De eso hace ya muchos años y fue, lógicamente, una obra no construida. Esta obra es un caso muy diferente: sin limitaciones. Mi yo hecho arquitectura. Soy un afortunado. Y consciente de ello,espero aprovechar mi oportunidad.

¡Feliz arquitectur-año nuevo!

La llegada de la navidad nos conduce inexorablemente a la finalización de otro año más. En este último caso,  ha sido el 2017: el periodo en que 3 valientes arquitectos de Olot se hicieron con el premio Pritzker. Aunque por supuesto en los 365 días de este último año han sucedido muchísimos otros acontecimientos dentro y fuera del mundo de la arquitectura. Hechos que deben ser tenidos en cuenta por las personas que nos dedicamos a planificar los escenarios donde sucede la vida.

En 2017 ha seguido de plena actualidad el calentamiento global por sus evidentes consecuencias, aunque no todos están dispuestos a ver. Sin duda, la eficiencia energética de los edificios será el principal reto para el mundo de la construcción en el futuro inmediato. Mayor aislamiento, menor demanda energética y utilización de energías limpias serán el guion de nuestras nuevas obras, sin olvidarnos de la importancia de la calidad del aire interior.

Nos encontramos inmersos en pleno desarrollo de la era digital: un monstruo que crece alimentado por todos en mayor o menor medida, y cuyas consecuencias pueden ser imprevisibles. El “big data” controla en la sombra todos nuestros movimientos, transformando la vida privada de todos nosotros en un “gran hermano” a escala mundial. En alguna población de China incluso, está siendo utilizada esta información como base para evaluar el comportamiento de los ciudadanos y concederles una puntuación (o “rating”), al estilo de las agencias de calificación de riesgos: un auténtico disparate.

De momento el comercio digital ha desplazado al comercio tradicional y en nuestro país ha supuesto el cierre de más de 10.000 tiendas de barrio. Un tejido comercial y productivo  fundamental para dinamizar las ciudades: una pieza clave como para permitir que desaparezca. Cambian los hábitos, mutan las ciudades. Y los edificios se ven obligados a adaptarse a nuevos usos. También las calles, donde la movilidad sostenible desplaza a las formas menos solidarias de transporte. Precisamente por esto y por muchísimas cosas más, es momento de reflexionar. Importante.

El día a día deja poco tiempo para coger perspectiva, y tengo la sensación de caminar con paso rápido bajo una intensa lluvia que me impide mirar alrededor. A veces es necesario alejarse para avanzar con un proyecto.Mi amigo Álvaro, que como el turrón “vuelve a casa por Navidad”, me ha ayudado estos días con la estructura de un proyecto complejo. Conoce bien este campo, pues es a lo que se dedica en Barcelona desde que dejamos de compartir asiento en la escuela de arquitectura de San Sebastián. Nuestras conversaciones nos salpican mutuamente de nuevas conocimientos, y me recuerdan la importancia de seguir en contacto con la arquitectura. Importante.

En un mundo plagado de información. De libros, publicaciones, revistas digitales, ferias temáticas, twits, espacios de coworking, conferencias, talleres, DVD´s, canales de youtube, Facebook, eventos de todo tipo, bienales, show-rooms, EXPO´s, etc. Es imposible estar al día de todas las tendencias. Por ello, como dijo Philip Johnson, “puedes intentar estar a la moda y no conseguirlo nunca o tener tu propio estilo y tal vez conseguir que tu arquitectura triunfe”. Esta es sin duda mi opción. Importante.

En estas pequeñas vacaciones de invierno suelo dedicar más tiempo de lo habitual a la lectura. En una tienda de prensa cercana a mi actual casa adquiero la revista “diseño interior”, una publicación de interiorismo que sin embargo siempre se muestra muy cercana a la arquitectura contemporánea que nos rodea. Su portada no puede evitar ocultar la gran satisfacción de todo el equipo de personas que la hace posible. ¡Es su número 300! Y este sentimiento de “auto-complacencia” se justifica en el artículo de presentación que cada número escribe Pilar Marcos (editorial). No esperaba menos. Y éste no es un éxito cualquiera. Porque yo soy de los que siempre aposté (y apuesto) por el papel en detrimento de la etérea información digital. Este número especial me acompaña estos días y voy descubriéndolo por “capítulos”, es decir, cuando tengo tiempo libre. En él se recopilan los nombres de múltiples diseñadores y arquitectos que marcarán el futuro inmediato del mundo en nuestro sector. Y hay propuestas muy interesantes.

Junto a la revista, cosas del azar, comparten mesa dos pequeños libros adquiridos en mi última vista a la librería Hontza de Donosti. Uno de ellos se titula “ nanotectura: espacios diminutos”, de Rebecca Roke. Un libro cuyo índice es una regla que habla de “tamaños” (como ya hizo Rem Koolhas 20 años atrás en su obra de culto SMLXL). En este caso, los espacios habitables que se recogen son planteamientos efímeros o de escasa entidad. Propuestas que pretenden aportar un punto de vista alternativo acerca de la arquitectura mínima. El resultado de estas investigaciones en la mayoría de los casos tiene pocas posibilidades de aplicación al mundo real, cotidiano. Justo en el momento en el que las “minicasas” están tan de actualidad, no solo en Estados Unidos, donde surgieron en contraposición a la desmesura del sueño americano.

Las viviendas pequeñas en el tejido urbano pueden resultar muy útiles y dignas siempre y cuando cumplan unos mínimos que las hagan ser habitables por un largo periodo de tiempo en caso de ser necesario. Algo que también puede resultar imprescindible en el caso de los campos de refugiados creados lamentablemente a las puertas de Europa. Una fortaleza al estilo medieval que cierra sus compuertas a la plebe, que se ve obligada a vivir extramuros.

El tercer inquilino en la mesa de mi salón (donde suelo leer, de momento) tiene por título “ el futuro de la arquitectura en 100 edificios”, de Marc Kushner. Una pequeña publicación de fácil lectura que ilustra con ejemplos de arquitectura poco convencional reflexiones un tanto disparatadas en  muchos casos, pero que invitan a repensar la arquitectura que nos rodea.

Quiero terminar deseando un muy feliz año nuevo a todos los seguidores de este blog, y haciendo una última reflexión. La tecnología avanza vertiginosamente y provoca el continuo cambio en los hábitos de las personas; sin embargo, los principios fundamentales que guían la existencia del ser humano, más allá de épocas, culturas o religiones, se mantienen inmutables a lo largo de la historia. Fundamentalmente, su búsqueda de la felicidad, el deseo de ser amado y por supuesto la necesidad de descansar en un espacio que sea casa-hogar-refugio.

¡Feliz 2018! Este año sí. Mi sueño, cada vez más cerca.

 

reforma de portal en vitoria-gasteiz

Os muestro una nueva muestra de mi trabajo. Se trata de una obra de reforma de portal en Vitoria-Gasteiz. Un corredor oscuro y alargado que conducía hasta un reducido espacio donde esperar al ascensor se transforma en un lugar amplio y luminoso gracias a la eliminación total de los revestimientos existentes.

Los nuevos materiales sustituyen en la zona de entrada a unos obsoletos peldaños que se refugian en la parte posterior acorralados por un juego en espiral de niveles en el techo. La nueva escalera hasta la planta primera se ubica en la zona posterior del portal, en un arriesgado planteamiento debido a los condicionantes estructurales existentes. Sin embargo, el resultado ha merecido la pena porque libera un gran espacio para los vecinos en la zona de embarque al ascensor. Espero que os guste. Muy pronto os mostraré nuevas obras, nuevo proyectos, diseño de mobiliario y, por supuesto, el gran proyecto estrella de mi carrera: la casa 33. ¡Feliz 2018!

reforma de portal en vitoria-gasteiz

Hay proyectos sencillos que simplemente son bellos. Con pequeños detalles. Como la  última obra de reforma de portal que he finalizado en mi ciudad: vitoria-gasteiz .

Espacios funcionales que contemplan en silencio el ir y venir de los vecinos. Paramentos atentos. Curiosos. Expectantes. Por ellos, lentos pasos atraviesan la luz con la misma ilusión de siempre: un lugar que los conduce hasta su hogar, donde crecieron como personas y fueron felices. Todavía lo son, porque su vida continúa y su fuerza interior es capaz de superar todas las dificultades del camino. Incluyendo las físicas, tarea de la cual he sido yo el abnegado responsable.

Esta obra se caracteriza por su discreta funcionalidad. Jugando con las líneas que envuelven  y se quedan, mientras otras se reflejan y se alejan. Y todo ello para acompañar a los vecinos en su caminar. Donde pasos envejecidos se alejan ensimismados en sus recuerdos.

Piernas cansadas, luchadoras y volcadas con los suyos. Y que hoy agradecen la desaparición de aquellos interminables peldaños.

Pasos que solo se detienen puntualmente frente a unas cajas metálicas frías. Contenedores   de alargados sobres blancos, fríos, que con los años perdieron el calor del romanticismo manuscrito. Noticias que poco a poco se fueron independizando del papel, sin que nadie le preguntara su opinión al destinatario.

Otras piernas más jóvenes permanecen inmóviles en el umbral de la puerta antes de entrar a este nuevo espacio; pulsan un botón, esperan y recorren velozmente un suelo cuadriculado colocado con esmero. Mensajeros que traen otro tipo de cajas mucho más alegres, porque su áspera piel marrón siempre envuelve una anhelada compra de la era 2.0.

Me gusta lo que hago. Aunque no siempre el cliente me permite hacer lo que yo quiero. En cuanto a diseño. Otras veces son las circunstancias. Pero siempre hay un hueco para la belleza. Sobre todo en casos como éste, donde mi proyecto cumple claramente con una función. Y si te detienes, y observas con atención el movimiento de las personas, comprendes que los espacios adquieren una increíble vida al ser utilizados, y eso, da sentido a mi trabajo.