A propósito de la casa 33 (1)

REFLEXIONES PREVIAS.

(Extraído de la memoria del proyecto básico)

Los edificios son seres vivos. Nacen, como consecuencia de un natural y gradual proceso de colonización de la Tierra por parte del hombre. Poseen un período de vida más o menos extenso, y “ mueren”, tras haber cumplido habitualmente con el fin con el que fueron proyectados.

Y ello, para satisfacer una de sus necesidades más básicas: la de disponer de un espacio privado de protección y descanso, algo que en esencia apenas ha variado a lo largo de la historia.

Sin embargo, vivimos en un mundo en continuo cambio tal y como hemos podido comprobar con mayor fervor en las postrimerías del siglo XX. Cambian las costumbres, los valores, los roles, las preocupaciones, etc. La familia tradicional se difumina y aparecen nuevos núcleos familiares impensables hace unas décadas. Los estereotipos van dejando paso a la diversidad. Y mientras el número de individuos que componen la unidad familiar se reduce, crecen las necesidades espaciales.

Asimismo, aparecen otros factores que deben tenerse en cuenta: la incorporación de la tecnología a los usos cotidianos, la demanda de mayor confort, la preocupación por la ecología, por la higiene personal, el crecimiento de las actividades de ocio y la convivencia del trabajo en el interior de la vivienda.

Todos estos cambios afectan a nuestra vida diaria, a nuestra intimidad. Nuestra vivienda se transforma, el lugar en el que residimos y que refleja lo que sentimos, acoge multiplicidad de actividades. La vivienda no puede permanecer inmutable y a veces no basta con personalizarla con nuestros enseres .Cada vez es más habitual la realización de pequeñas o grandes obras para manifestar la apropiación del espacio. Sin embargo, las viviendas que se construyen siguen obedeciendo en su mayoría a un patrón que  corresponde únicamente con un pequeño porcentaje de la población.

Es evidente por tanto la necesidad de diversificar las tipologías para adaptarse a todos los cambios anteriormente mencionados. Y en la casa 33,aunque se trata de una vivienda unifamiliar, he querido recoger todos esos conceptos descritos en breves pinceladas y muchas otras ideas que recorren mi cabeza.

BMW Welt, Munich.Coop Himmelb(l)au. 2007

Hoy púbico mi último post relacionado con mi viaje al Sur de Alemania. Tras visitar las sede de Porsche y Mercedes-Benz en Stuttgart, hoy es el turno de BMW y la creación que los austríacos Coop Himmelb(l)au proyectaron y construyeron en Munich. Inaugurado en 2007, sus diez primeros años de vida no parecen haber restado fuerza ni brillo a este “mastodóntico” edificio. El grupo alemán que lleva en su logotipo los colores de la bandera bávara pretende marcar las diferencias en esa carrera sin rugido de motores que mantiene cada día con sus competidores. Existe ya una diferencia de partida, y es que  “BMW Welt” (mundo BMW) no alberga el museo que repasa cronológicamente la historia de la marca, sino que alberga una especia de “concesionario del futuro”. La función de museo se realiza en un edificio muy próximo (preexistente y que ha sido remodelado interiormente), y que se caracteriza por un volumen cilíndrico en el que su cubierta es el logotipo de la marca a nivel gigante. Junto a estos dos edificios se halla una torre de oficinas formada por cuatro enormes cilindros y por supuesto, la planta de fabricación de vehículos.

El universo BMW en Munich posee un emplazamiento privilegiado. Se encuentra entre dos grandes viales, en un extremo del “Olimpia Park”, una de las mayores zonas verdes de la ciudad donde se realizan multitud de actividades al aire libre. En este parque se construyeron numerosos edificios para los Juegos Olímpicos de verano de 1972, entre los que destaca la obra de Gunter Benisch: una desafiante estructura de cables de acero y lonas que sigue asombrando por sus atrevidas formas.

El proyecto que nos ocupa fue objeto de un concurso, pero algo me dice que, como en otros casos similares, el estudio ganador se había hecho con la victoria antes de presentarse. Y no me parece mal, ya que sin duda Coop Himmelb(l)au posee un marca propia que representa perfectamente el espíritu de BMW y estaban perfectamente capacitados (como así se ha demostrado) para alcanzar el objetivo de la marca: ser un icono a nivel mundial en innovación, tecnología y diseño, de la misma forma que fabrican sus vehículos.

Debo recordar que este estudio vienés abrió un camino propio en el deconstructivismo y puso en el mapa a Viena, camino que luego siguieron sus alumnos aventajados Delugan Meissl. Actualmente ambos estudios están plenamente activos y trabajando en grandes proyectos por todo el mundo, y no descarto que en los próximos años cualquiera de ambos se hiciera con el premio Pritzker.

BMW Welt llama la atención en primer lugar por sus dimensiones. La cubierta posee 16.500 m2 y alberga un gran “vacío” interior donde se superponen múltiples estratos conectados entre sí por pasarelas que “flotan” en el espacio creado. Una estructura espectacular, que únicamente dispone de 12 puntos de apoyo. De alguna forma no puedo evitar evocar a Le Corbusier y la joya que proyectó en Ronchamp. Sin duda existen similitudes en lo que se refiere a la “cubierta curva flotante”. En planta, existen 4 volúmenes principales que quedan conectados por los espacios intersticiales de comunicación horizontal.

Este ambicioso concesionario es una especie de “parque de atracciones” para los amantes de la marca. Distribuido en nueve niveles, la zona pública propiamente dicha es reducida en relación con el conjunto edificado y se localiza fundamentalmente en la planta baja. En esta zona se ubica un enorme área expositiva con entrada directa desde la calle en ambos extremos, una tienda de merchandising, etc. En este nivel se exponen las últimas novedades automovilísticas de BMW y otros elementos relacionados con los avances tecnológicos del motor. A nivel de planta primera y atravesando el corazón del edificio surge desafiante una gran pasarela curva que permite la visión aérea de la planta baja y conecta diversas zonas de restauración, salas VIP, etc. Pero no solo eso: esa gran pasarela se transforma en “puente”, rompe la fachada acristalada y sale al exterior para conectar con la zona del BMW museum al otro lado de un gran vial (Lerchenauer Strasse).

Evidentemente, esta obra no deja indiferente a nadie. Perfectamente encaja en la denominada “arquitectura espectáculo”, como lo son por ejemplo la mayoría de las obras de Gehry. Pero desde mi punto de vista, en este caso no se justifica el desmesurado despliegue de medios para conseguir arquitectura de calidad. El exterior resulta impactante por sus grandes cristaleras y paneles de aluminio gris que, gracias a sus atrevidas formas consiguen un gran dinamismo del conjunto. Destaca el “vórtice” creado junto al acceso Sur, que funciona como hito y de alguna forma hace la réplica del cilindro existente en el museo BMW al quedar enfrentados en planta.

Interiormente, destaca la gran elipse central que alberga la zona de compra venta de los vehículos adquiridos; una amplia rampa permite el descenso de los vehículos adquiridos y convierte el consumismo en un espectáculo continuo.

Es cierto que la riqueza espacial existente genera múltiples perspectivas y convierten a este edificio en un interesante escenario para el desarrollo de las actividades propias de un “show-room” a lo grande. Sin embargo, el conjunto no puede evitar ser tremendamente frío. El color gris de los paneles de aluminio, la solera de hormigón y los falsos techos lo invaden todo. Los remates están cuidados y la ejecución es impecable, pero el resultado no consiguió “tocarme”. Tal vez hace años, pero ahora siento que mi estilo evoluciona por otro camino. En cualquier caso, recomiendo su visita a todos los amantes de la arquitectura.

Mercedes Benz Museum, Stuttgart.UN studio. 2006

Tras visitar el Porsche museum, le toca el turno a Mercedes-Benz, otro gran coloso germano perteneciente al mundo del motor. Al igual que su homólogo, este edificio quiere ser la imagen arquitectónica que transmita ante todos los potenciales clientes y visitantes los valores de esta gran marca de vehículos de gama media-alta.

Otra obra que nace con la voluntad de ser icónica, y que de nuevo es encargada a un estudio de arquitectura de fuera del país. Un detalle a tener en cuenta. Y es que no es casualidad, que las tres principales industrias automovilísticas del país (Porsche, Mercedes-Benz y BMW) confían el proyecto más importante de su historia a arquitectos extranjeros. En dos casos (Porsche y BMW) los directivos confían su inversión a estudios de Austria (Delugan- Meissl y Coop Himmelb(l)au) y en el caso de Mercedes que ahora me ocupa, el encargo recae sobre un estudio holandés (UN studio, encabezado por Ben Van Berkel y Caroline Bos).

El edificio fue inaugurado en 2006, y al igual que sucede en otros casos, se ubica junto a la fábrica de Mercedes-Benz (Mercedesstrasse,100) . Pretende resumir la extensísima y prolífica historia de Mercedes- Benz de forma cronológica, sin saber prescindir de los detalles menos importantes.

En planta, se proyectó un triángulo equilátero con las tres esquinas redondeadas a modo de “hoja de trébol”. La zona central se libera para disponer un gran pozo de luz natural. Se trata de un edificio que sorprende por su amplitud interior. Desde fuera, no se puede hacer una lectura real de los niveles existentes (nueve en total) y que suman un total de 16.500 m2.

Al atravesar las acristaladas puertas del museo el foyer no sorprende por sus dimensiones ni por sus acabados. Pero lo que el visitante desconoce es que le espera un espacio vertical impresionante. Se trata de un patio de luz vertical que albergan las comunicaciones verticales y ofrecen vistas en diagonal desde todas las plantas. Alrededor del mismo se ubican las escaleras, las zonas de servicio y todos los cuartos de instalaciones necesarios.

El comienzo de la visita comienza por tanto desde la parte superior del edificio. Un nivel que el visitante alcanza gracias a uno de los tres originales ascensores de forma aerodinámica y acabado metalizado previstos. El  esquema de circulación es sencillo, descendente, a través de rampas de trazado curvo que acarician interiormente la fachada del edificio en forma de doble hélice. Unaidea de recorrido heredada del museo Guggenheim que Wright proyectó en Nueva York.

Desde allí comienza el camino de descanso a través del siglo XX y de los avances tecnológicos que la marca fue incorporando en su diferentes modelos de vehículos de todo tipo. El edificio se caracteriza por los sorprendentes contrastes de iluminación en el interior y la combinación de diferentes materiales y texturas. Una obra de gran calidad, futurista pero que resulta menos sorprendente que sus “competidoras” y sobretodo, mucho menos emocionante.

El gris metalizado de la fachada y los acabados mayoritariamente fríos” del interior reflejan claramente los valores de la marca. Diseño, tecnología e innovación. Espacios quizás demasiado austeros para mi gusto, pero que denotan un sutil cuidado de los detalles. Exteriormente se ha dispuesto un anfiteatro semi-enterrado que permite realizar todo tipo de eventos al aire libre. Un bar con terraza exterior y un amplio parking al aire libre integran el edificio en el entorno.

Si tuviera que hacer un ranking entre las tres obras vinculadas al motor que he visitado, el primer puesto sin duda sería para el Porsche Museum. En segundo lugar quedaría el BMW Welt de Munich, y en tercer lugar esta estudiada y emblemática obra. Esto no significa que no me haya gustado, porque es una obra que posee grandes virtudes.

Weissenhof Siedlung,Stuttgart.1927

Todas las paredes hablan. Algunas, de su pasado. Otras, de su futuro.

(…)

Esta obra es un paréntesis en mi visita a la arquitectura más vanguardista del sur de Alemania. Pulso el reloj del tiempo, retrocedo 90 años y me sitúo en 1927: el año en el que se celebró la Weissenhofsiedlung. Un lugar en el que ya estuve hace 290 años, siendo todavía estudiante de arquitectura.Las fotografías que se muestran al inicio de este post demuestran que a veces, algunas cosas cambian mucho y otras no tanto después de casi un siglo de existencia. Algo que debe hacernos recapacitar sobre la importancia de la arquitectura en la sociedad.

Mies van der Rohe gozaba ya del prestigio suficiente en 1925 cuando recibió el encargo de la Deutscher Werkbunk para redactar el master plan de la Weissenhof. Esta asociación fue fundada en Munich en 1907 por un grupo de artistas, artesanos y comerciantes con la voluntad de divulgar la arquitectura entre la población neófita en este campo. En los años 20, apostaron por una zona llamada Killesberg, al norte de la ciudad de Stuttgart para trazar dicho plan urbanístico. En esta intervención estaban llamados a participar los mejores arquitectos europeos de la época con el fin de mostrar ante el mundo la arquitectura más vanguardista. Fueron 17 en total, aunque hubo algunos cambios. Entre los arquitectos participantes cabe destacar Le Corbusier, Hans Scharoun, Peter Behrens, Bruno Taut, J.J. P.Oud o Walter Gropius.

Cada uno de los arquitectos hizo su propio planteamiento para viviendas unifamiliares aisladas, para viviendas en hilera (P.Oud) o pequeños bloques residenciales  (como es el caso de Peter Behrens). Desgraciadamente, muchas de estas obras (10 en total) fueron destruidas en la Segunda Guerra Mundial (se repite la historia de Quartiers Modernes Frugés, junto a Burdeos, de Le Corbusier).

 Fue una exposición abierta al mundo que pretendió mostrar las posibilidades de una nueva arquitectura (a nivel constructivo, arquitectónico y de interiorismo) en el campo residencial (tanto a nivel individual como en vivienda colectiva). Y se hizo con el fin de aportar soluciones que permitieran combatir la escasez de viviendas en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. La muestra fue inaugurada el 23 de Julio de 1927 bajo el título “ Die Wohnung” (“La vivienda”) y fue un éxito de público (500.000 personas aproximadamente). Abrió las puertas a nuevos conceptos, tal y como sucedía de forma coetánea en Francia, Holanda o Inglaterra. Las formas cúbicas, las cubiertas planas y la libertad en la apertura de huecos en fachada ofrecían al ciudadano de poder adquisitivo medio-alto las bondades de la nueva arquitectura. Sin embargo, y tal y como sucedió en tantos otros casos, durante el tercer Reich la intervención fue repudiada e incluso abandonada.

Actualmente, una de las dos viviendas pareadas que proyectó Le Corbusier y Pierre Jeanneret posee acceso para el público en general (Rathenausstrasse,1). Nos encontramos ante un proyecto que contiene la esencia de la arquitectura de Le Corbusier, recogiendo los 5 principios de su teoría de la arquitectura bautizada como la “nueva arquitectura”. La planta baja (pilotis) se separa del suelo mediante un zócalo que salva el desnivel entre la calle y el jardín posterior. En planta primera se encuentra el cuerpo principal de la vivienda, y en la planta segunda se halla la terraza-jardín. El núcleo de comunicación principal se dispone en la fachada posterior, de forma perpendicular al eje principal de la vivienda.

Entre los años 2002-2005, esa vivienda se acondicionó para albergar un pequeño museo que acerca a los visitantes el origen de esta trascendental actuación arquitectónica de principios del s. XX. La actuación intentó borrar las huellas de diversas intervenciones poco afortunadas, centrándose en recuperar la esencia del proyecto original. Los tabiques eliminados (baño de planta primera) se encuentran pintados en el pavimento. Y desde 2006, se abrió al público gracias a la gestión de una asociación privada (diferente a la Fundación Le Corbusier) que contribuye a la divulgación de la cultura arquitectónica.

Visitar el interior de las viviendas que Le Corbusier proyectó transmite siempre algo espacial. Es caminar por un pedazo de la historia de la arquitectura. Y en este caso, recorrer el jardín y la cubierta plana de las dos viviendas pareadas fue enormemente gratificante. Y pasear por las calles que conforman la Weissenhof produce a la vez una sensación de melancolía y felicidad. Es algo extraño pero real. Si cierras los ojos puedes escuchar el ruido de las máquinas mientras se construían y sentir las voces de los arquitectos que allí participaron. Porque su huella permanece viva y presente a pesar del tiempo.

Sin lugar a dudas, visitar las viviendas que aún permanecen en pie en la Weissenhof de Stuttgart es absolutamente imprescindible para conocer el origen de la arquitectura contemporánea, y que fue declarada por la UNESCO en 2016 Patrimonio de la Humanidad.

 

Porsche museum, Stuttgart. Delugan Meissl. 2009

Viajar es siempre un placer. Pero cuando lo haces para disfrutar de tu pasión, entonces se convierte en un sueño hecho realidad.

Acabo de regresar de Stuttgart y Munich. La arquitectura guía mi vida, y estar cerca de todo aquello me interesa me hace crecer como arquitecto. La excusa de este último viaje fue visitar el “Posche Museum” siguiendo las huellas de “Delugan Meissl”. Un proceso que comenzó en verano de 2016, tras descubrir el “Eye Museum” de Amsterdam y  que continuó por las calles de Viena (de donde proceden) dos meses después.

 Delugan Meissl logró este proyecto tras ganar un concurso restringido en el año 2005.La pareja que dirige este mediano estudio de arquitectura no es muy conocida, pero considero que forman uno de los mejores estudios de arquitectura de toda Europa. Y la industria automovilística no hace apuestas con los ojos cerrados.

Después de pasar más de 4 horas visitándolo primero por el exterior y posteriormente por el interior  lo único que puedo decir es  que me ha encantado. Incluso más que el Eye museum de Amsterdam (a pesar de tener multitud de similitudes formales). Transmite esa sensación de movimiento detenido en el tiempo que tanto me gusta y que aplico a otra escala en mis modestas obras. Ubicado junto a la fábrica de Porsche (Zuffenhausen), el edificio dispone del acceso principal desde una calle abierta a una rotonda de enorme tráfico rodado, que ha sido bautizada como PorschePlatz. En ella se ubica la escultura vertical “Inspiration 911”, donde 3 vehículos de la marca coronan tres esbeltas e inclinadas columnas. Los otros dos límites de la parcela triangular son un vial y la línea ferroviaria de cercanías, con la que se comunica  a través de una interminable escalera metálica integrada con la urbanización del edificio.

En el Porsche museum las audaces formas que plantean los arquitectos vieneses transmiten en este caso mejor que nadie el espíritu de la marca. Una exclusividad y diseño convertidos en arquitectura de calidad, como no podría esperarse menos la reputación Porsche. Un lugar para soñar con los ojos abiertos, como anuncia la propia marca en el catálogo del museo. Un edificio que soportará perfectamente el paso del tiempo, puesto que no se trata de una edificio actual, sino que pertenece al futuro. El cuerpo principal que conforma el área expositiva tiene una longitud de 140 metros y dispone de tan solo 3 apoyos. La estructura del edificio, sobre todo teniendo en cuenta las sobrecargas de uso que debe soportar, es simplemente impresionante. Una obra de ingeniería maestra.

Con más de 26.000 m2 construidos, sólo una quinta parte se destina a exposición (aproximadamente 5.600 m2). Y el resultado sorprende la enorme compacidad del edificio. Contribuye a ello la uniformidad de los acabados interiores en todas las zonas, y que se agradece para no tener la sensación de estar pasando de un “escenario a otro”, como sucede en el Mercedes-Benz museum.

La piel exterior está formada por piezas trapezoidales de aluminio color blanco mate, que se vuelven especulares y brillantes en su cara inferior para mimetizarse con el entorno y jugar con los cambiantes reflejos a lo largo del tiempo. Dos grandes ventanales rompen la hermeticidad de la “gran caja”: uno, el más grande, abre el restaurante sobre la zona de acceso. Y otro, más pequeño, pone el contrapunto en el extremo contrario de la construcción.

El recorrido por el interior del edificio comienza desde la plaza exterior, donde varios coches de la marca esperan a sus afortunados “visitantes” que podrán disfrutar de la experiencia de conducir un coche exclusivo. Las líneas inclinadas que conforman el pavimento trapezoidal penetran al interior bajo el gran voladizo  que es el “leif motiv” de este edificio. El hall llama la atención por su techo acristalado invadido por un ejército de líneas inclinadas. Desde el fondo del mismo, la escalera mecánica más larga que he visto en toda mi vida te conduce hasta el corazón del museo. En la planta principal, la luz y el color blanco del corian de suelo y paredes invaden todo el espacio. El recorrido comienza en el punto de llegada de la escalera, y avanza cronológicamente por la historia de la marca. Una pequeña inclinación del pavimento genera un recorrido por el perímetro de la gran sala y permite ganar en altura para subir de nivel sin percatarse. Las perspectivas cruzadas que se generan en el interior son impresionantes. Se busca enriquecer el espacio y facilitar giros y quiebros para el visitante que desee salirse del recorrido establecido.

El impresionante voladizo acristalado que avanza hacia la línea ferroviaria (en el extremo opuesto al acceso) es una excusa que aporta poco a la función de museo, pero que justifica y enriquece la audacia de la volumetría del edificio. La espectacular escultura creada dispone parcialmente de una cubierta plana transitable no abierta al público que debe simplemente impresionante

En planta baja, el museo dispone de una cafetería, restaurante informal, tienda de regalos y taller entre otros. En planta primera, un restaurante con una decoración espantosa completa el programa. El Museo organiza múltiples actividades (incluyendo visitas para conocer mejor el edificio) y eventos para todo tipo de público. Todo con el objetivo de acercar el “sueño Porsche” a todos los ciudadanos.

En la monografía “Delugan Meissl architects. Vol.1” editada por el propio estudio y que me regalaron en su estudio de Viena en Octubre de 2016 la información sobre este proyecto expresa la voluntad de realizar “ un cuerpo monolítico, de forma dinámica, que parezca flotar sobre la topografía plegada del solar y del nivel del suelo. La reflectante cara inferior del cuerpo flotante entra en simbiosis con el entorno y multiplica la dimensión de la amplia zona de entrada”. Entre otras cosas, también hacen referencia  a la forma de acceder al edificio y ascender hasta el “universo Porsche”, así como al planteamiento de movimiento en espiral  en el recorrido a través del área expositiva. Y por supuesto, todo ello aderezado de una enorme tensión espacial generada en ese recorrido gracias al “movimiento armónico” de todos los elementos.

Sin duda, un edificio imponente de obligada visita y que puede ser considerado una referencia de la mejor arquitectura europea contemporánea.

reforma de portal en la calle txirula. vitoria-gasteiz

Recorte 1. Reforma de portal Txirula 4

Las imágenes que acompañan este post corresponden a un proyecto que acabo de terminar: la reforma del portal situado en la calle txirula,4 de vitoria-gasteiz. Se trata de un proyecto de interiorismo que plantea materializar el trazo de la luz a través del espacio, diluyendo los límites visuales y espaciales.

La geometría, las líneas oblicuas y  los contrastes de materiales, texturas y colores están de nuevo muy presentes en esta propuesta. El resultado redunda una vez más en esa sensación de “arquitectura detenida en el tiempo” que tanto me gusta y que en este tipo de proyectos funciona tan bien, ya que acompañará al movimiento de los vecinos de esta comunidad a lo largo de su vida.

Enfrentarse a un nuevo proyecto siempre da miedo. Todo reto implica superación, si lo que se busca es aportar algo nuevo a los espacios que el arquitecto tienen la responsabilidad de crear. Cada encargo es un camino nuevo que recorrer, un lugar diferente por explorar, con la experiencia de las obras realizadas. La búsqueda de la elegancia, la funcionalidad y la durabilidad en el tiempo a través del prisma personal del arquitecto.

Estoy deseando que comience esta obra, ya que sin duda el resultado será sorprendente: un espacio innovador que suponga un paso más en la búsqueda interior hacia mi propio estilo.

 

Olot: viaje al corazón de un Pritzker. Día 4

El último día de mi visita a la obra construida del primo Pritzker 2017 comienza con la “vivienda para un carpintero en Olot”. Esta vivienda se encuentra en una calle apartada, en la ladera de una montaña, motivo por el cual es desconocida para muchos locales y me resultó difícil de localizar. Una hermética casa ubicada en una parcela de difícil orografía, y que se resuelve en cuatro niveles: planta baja (acceso y garaje), planta primera (piscina y jardín),planta segunda ( dormitorios) y planta tercera (zona de día). Este nivel se gira 90 º respecto a la directriz de las plantas inferiores, para poder disfrutar de unas vistas espectaculares de la ciudad.

La piel exterior y los revestimientos interiores hacen una arriesgada apuesta por un único color: el negro. E incomprensiblemente, salen victoriosos. Los muros de carga de hormigón armado permiten jugar con voladizos desafiantes y arriesgadas aperturas.

Desde allí me acerqué hasta el corazón del parque natural de la Garrotxa, una zona volcánica única en España. Muy cerca de Olot, en Santa Pau, se encuentra el “Pabellón de acceso a la Fageda d´en Jordá”, una pequeña obra de RCR que alberga la función de punto de información para los visitantes. De nuevo la tensión espacial que generan dos volúmenes girados y unidos por una etérea cubierta conforma la base de este proyecto.

El día continúa y me recuerda que tengo una cita pendiente con el restaurante Les Cols: una visita diurna que me permita descubrir de una forma diferente los espacios creados por RCR para Fina Puigdevall. Las gallinas picotean tranquilamente por el jardín, ajenas a las miradas de arquitectos como yo que indagan en el material con el que se construyen los sueños.

Como ya os adelante, en el exterior de la masía RCR ha conseguido crear con el proyecto de las carpas para eventos un espacio enigmático donde el interior y exterior se diluyen. Un lugar para dejarse llevar, para soñar, perfecto para comenzar una vida en común.

Toca hora de regresar, pero aún tengo tiempo de ver una última obra correspondiente a la primera etapa del estudio olotense: la “vivienda unifamiliar Fuelle”, ubicada en Les Presses. Esta obra repite de nuevo el planteamiento de fuerte volumetría y contraste cromático, resolviendo el programa en dos plantas. La forma en planta y su propio nombre derivan de la parcela en la que se ubica, con forma curva en el frente principal donde se ubica el acceso. Hacia el exterior asoman cuatro herméticas piezas, que se fusionan y abren con generosidad hacia la zona verde privada.

Y desde aquí poco más: vuelta a la realidad. Un camino de regreso en el que medito sobre muchas de las cosas que he visto, leído, escrito, dibujado y pensado en estos cuatro días. Como dijo Rafael Aranda “ Tenemos que ser esponjas para absorber con nuestro cuerpo y nuestra sensibilidad todo lo que el entorno en el que trabajamos puede darnos. No es mirar, es ser capaz de ver. Y de experimentar, sentir y absorber.”

Yo es lo que hago: ver. Porque fijarme en el lenguaje de personas con el talento que poseen RCR me sirve para encontrar mi propio estilo. Gracias, Rafael, Carme y Ramón.

Olot: viaje al corazón de un Pritzker. Día 3

 

El tercer día de mi visita a la obra de RCR en Girona comienza un poco más tarde de lo habitual, y con las fuerzas mermadas por el exceso realizado la noche anterior. Repaso mis dibujos, mis notas y mis fotografías y me paro a pensar. En este viaje estoy aprendiendo algo que quizás nadie nunca me enseñó: estoy aprendiendo a depurar. A buscar la esencia. Porque la arquitectura se expresa por sí misma. Sin artificios. Reivindicando el paradigma de la modernidad. A veces proyectar es renunciar; y otras muchas (si no todas) es buscar el origen de las cosas.

RCR no proyecta espacios: alumbra sensaciones. Construye sueños: los suyos, y los que habitan en cada persona que disfruta de sus creaciones. Muchos de los cuales no pueden considerarse edificios en el sentido estricto de la palabra.

Mi primera parada hoy es en el “Pabellón en el estanque” de Llagostera (2008). Un interminable cierre de parcela a base de bandejas de acero corten esconde esta obra de RCR, cerrada hacia la calle y abierta hacia una amplia extensión tapizada en color verde. Pude visitarla libremente gracias a la generosidad de su propietario: “moltes gracies, Josep”. Accedo al interior de la parcela a través de un sinuoso camino de tierra y llego hasta una construcción tradicional de piedra. Una casa rehabilitada que apenas muestras signos de la intervención hacia el exterior. Sin embargo, en el exterior se oculta un íntimo espacio de trabajo construido íntegramente mediante pletinas y perfiles de acero. Este material inunda el suelo, las paredes y los techos. Las mesas de trabajo, la entreplanta y otros elementos repiten el diseño que los propios arquitectos han empleado en el espai Barberí, ya que son prácticamente coetáneos. La zona de servicio (con planchas infinitas de acero) resulta especialmente vanguardista e innovadora. Un lugar en el que el mobiliario, grifería, etc han sido creados en acero corten ex profeso para esta obra. Impresionante.

Sin embargo, aún queda el plato principal: “el pabellón en el estanque”, que se encuentra 25 metros más hacia el interior de la parcela. Una joya para los sentidos, inintetigible e indescriptible, que a través de los reflejos de su piel metálica se mimetiza con el entorno y deleita al visitante con un baile de brillos que impiden saber dónde se encuentra el límite entre el interior y el exterior.

Esta nueva edificación nace con la voluntad de ser una vivienda unifamiliar exclusiva, con la particularidad de haberse construido en el interior de un antiguo estanque. En planta, una pieza longitudinal se apoya sobre el vaso de agua (aunque en el momento de mi vista carecía de ella). Su piel de lamas onduladas de acero (similar a la de la piscina de Manlleu, pero con mayor potencial al carecer de un esmalte que elimine los brillos) pretende emular el movimiento del agua y mimetizarse con la naturaleza.

Se trata de una vivienda resuelta en dos plantas que actualmente no se encuentra habitada, y que emerge del terreno salvando el desnivel existente. El acceso peatonal se produce por la parte superior (planta baja), donde se ubica una gran caja de cristal que funciona como pabellón superior de acceso y que alberga la zona de día. En la parte inferior (semisótano) se encuentra la zona de noche, más íntima, con algunos espacios que deliberadamente carecen de luz natural. En cualquier caso, la distribución de esta planta me resulta excesivamente fragmentada y poco funcional. Casi laberíntica. Esta zona no me ha gustado nada, que además no dialoga con la extraordinaria planta superior.

Podría decirse que el gran protagonista es la obra que emerge desde el estanque, y que sin duda resulta excepcional. El juego de luces cambiantes que produce la luz del sol en el interior al reflejarse en todas esas lamas que recubren el edificio de cristal genera una atmósfera enigmática. Imagino que el agua que abraza esta obra aumentará esas sensaciones. Sin duda un espacio mágico e inquietante, cuya fachada confiere una personalidad única a esta vivienda.

Mi siguiente parada es la bodega Bell-Lloc. Una obra especialmente intimista. Una “escultura transitable” que emerge parcialmente y se integra a la perfección en el paisaje. Un edificio que desaparece bajo el terreno  y que por tanto resulta muy adecuado para la conservación y tratamiento del vino. Las dos rampas sinuosas de acceso  quedan enfrentadas siguiendo las curvas de la naturaleza, con un esquema similar al del acceso al parque de Pedra Tosca. Las galerías interiores subterráneas transmiten un contacto absoluto con la naturaleza. Sin luz artificial, la mano del hombre pasa a un segundo lugar. Los espacios creados sin conexión con el mundo exterior, como la sala de catas, son simplemente de otro planeta.

En Palamós existen otras dos intervenciones de RCR: la esfera de luz (una escultura esférica a modo de baliza ubicada en el extremo de un dique del puerto) y el “punto de encuentro Mas el Vent”, una obra de rehabilitación de uso público que puede visitarse, pero a la que no pude acceder por encontrarse cerrada.

Tras una pausa ligeramente prologada para reponer fuerzas, mi camino continúa  en Begur. Aquí se encuentra el “Parque de la Arboleda” (2005), una obra que incluye un amplio parque urbano y un Centro Cívico de reducidas dimensiones. Con anterioridad ya había visitado este trabajo de RCR y debo decir que no se encuentra entre mis favoritos.

En esta intervención el protagonista en el espacio público, y la pequeña construcción ubicada en el centro del parque alberga un pequeño Centro social. De nuevo el desnivel del terreno es aprovechado por los arquitectos para configurar la respuesta al proyecto, jugando con los accesos peatonales (rampas y escaleras). La “caja de cristal” descansa en sus dos lados sobre pesadas piezas de acero corten, dejando que el espacio público fluya bajo el edificio, sin interrupciones. La cubierta de acero corten “deliberadamente pesada” remata esta pequeña y tímida construcción.

El día avanza inexorablemente y llega la hora de poner rumbo de vuelta hacia Olot. Sin embargo, aún hay tiempo de poder realizar alguna visita más. En algún lugar de La Vall de Byanya encuentro con inusitado esfuerzo la vivienda horizonte, el hogar de “la Fina”, propietaria de Les Cols. Una casa impresionante, de fuerte volumetría, resuelta íntegramente en acero corten. Salvando las distancias, el planteamiento inicial es similar al que emplearán posteriormente en el Museo Soulages de Rodez (Francia).

La vivienda de esta gran creadora culinaria forma ya parte del paisaje en el que se ubica. Un paraje impresionante sirve de escenario para esta rotunda creación que, sin embargo, apenas altera el entorno en el que se ubica. Una vez más el desnivel existente es aprovechado con increíble maestría. En la parte superior, las vacas pastan tranquilamente ajenas al interés que suscitan esas cajas de acero que tienen como telón de fondo. En total, once cajas emergen desde lo alto de un talud: cuatro a un lado del núcleo de comunicaciones vertical, y seis al otro. Un esquema de distribución longitudinal que alberga con generosidad un programa de vivienda unifamiliar con el sello inconfundible de sus autores. Me hubiera encantado visitar el interior de esta vivienda particular, pero debo conformarme con las fotografías publicadas en el Nº 138 de “El croquis”. Unas imágenes que transmiten la gran calidad de esta obra, que sin embargo no poseen la calidez que yo presupongo a un hogar.

Muy cerca de allí se encuentra la “alberca en la Vila”, Una escultura de agua en un entorno espectacular , alrededor de la cual se ubican varias construcciones y donde se ofrece alojamiento rural completamente aislado de la civilización. Acero corten, hormigón blanco, piedra y agua son los materiales que componen esta obra.

Muy cerca de Olot, efectúo mi última parada del día: la “vivienda unifamiliar para un herrero y una peluquera” en La Canya. Uno de los primeros encargos de RCR que muestra ya la fuerza de sus principios. El programa se resuelve en dos plantas, quedando la inferior rehundida respecto a la rasante de la calle, y que además incluye un espacio destinado a peluquería. Una caja de acero corten descansa sobre un zócalo revestido de piedra blanca, enmarcando el paisaje desde la planta superior.

En planta, la distribución es simétrica respecto a un porche abierto que se genera bajo la vivienda, y que permite a cada lado el acceso de vehículos y personas respectivamente. El cierre de parcela tan sumamente abierto permite una visión general de la casa desde diferentes ángulos. Interiormente, los espacios son regulares y bastante “convencionales” en relación a otras obras, por lo que en este caso tampoco consideré oportuno molestar a los propietarios. Una obra que forma parte de la trayectoria de los arquitectos, con un lenguaje propio, desarrollado en la búsqueda de su propio camino.

Este tercer día ha sido un poco más suave que los dos anteriores, pero también me he impregnado del espíritu que trasmite la arquitectura de Rafael, Carme y Ramón.

Olot: viaje al corazón de un Pritzker. Día 2

 

Tras el trepidante y emocionante primer día vivido en Olot, comienza otra nueva jornada cargada de una arquitectura emocionante y comprometida que ha permitido justamente alcanzar a RCR el premio Pritzker de arquitectura.

Mi primera parada es en Manlleu, una localidad al suroeste de capital de la Garrotxa. Allí se encuentra el edificio que alberga las “Piscinas municipales” de la localidad (2006), ubicado dentro de una zona verde estival y de equipamientos más amplia.

La huella de RCR marca sus obras y las diferencia drásticamente del entorno en el que se ubican. Este edificio de piscinas destaca por su voluntad de fusión con el jardín circundante a través de una peculiar “piel” que imita las ondulaciones que produce el agua en movimiento. En este caso lamas de acero negras, un recurso que se repetirá en el pabellón en el estanque de Llagostera (finalizado en 2008), pero que fue concebido de forma coetánea con estas piscinas.

Un edificio cargado de intenciones, pero sin embargo se diluyen en este caso con relativa facilidad. Y es que la funcionalidad y acabados que precisa interiormente este tipo de edificios hacen que la zona de piscinas sea bastante anodina. Cabe destacar la franja de jardín que se introduce al interior, un patio transversal que divide la zona de vestuarios de la zona de piscinas con gran acierto y de una forma muy enriquecedora.

La persona que me guía por el interior de las piscinas de Manlleu no para de enumerar un sinfín de fallos de funcionamiento y/o constructivos, que prefiero no mencionar aquí. Algunos pueden resultar más evidentes y otros más discutibles. Lo que no puede negarse es que el diseño a veces choca frontalmente con las necesidades de los usuarios y es preciso buscar un equilibrio. Por ello es importante repensar el funcionamiento, el aprovechamiento de la luz natural, soleamiento, etc.

A poca distancia de allí y en la misma localidad, se encuentra la guardería “Els Colors” (2004), otro edificio dependiente del Ayuntamiento de Manlleu finalizado dos años antes que las piscinas. En este caso se trata lógicamente de un edificio de menores dimensiones, pensado precisamente para los más pequeños y en el que se han cuidado todos los detalles.

Este centro recibe  su nombre por la imagen que lo caracteriza: cajas acristaladas de colores vivos que emergen hacia el exterior por encima de la valla metálica perimetral. Dos escalas, un esquema de funcionamiento y la búsqueda de transparencia guían este experimento arquitectónico de brillante resultado.

El programa se resuelve en planta baja, a excepción de la zona de dirección, que se concentra en planta primera, ocupando parcialmente  la zona de entrada a la guardería. Dos piezas longitudinales de diferente anchura e idéntica longitud se disponen de forma paralela a la entrada, generando una grieta intersticial que funciona como zona de juego

Desde Manlleu me desplazo en coche hasta mi siguiente parada: Ripoll. En esta localidad se encuentra el “Espacio público y teatro La Lira”(2011). Un vacío urbano ocupado en el pasado por el teatro “La Lira” y que es utilizado por RCR como herramienta para coser la ciudad, entre la zona antigua de alta densidad y la orilla opuesta del Ter, donde se extiende el nuevo tejido urbano.

Un río, un puente y el aire componen este proyecto, donde el programa se soterra o desplaza a ambos lados del gran protagonista: el espacio público. Un espacio cubierto que en un lateral  dispone de un estrecho bar acristalado que comunica con el teatro, ubicado en la planta de sótano. Los espacios interiores de nuevo quedan inundados por el acero. La escalera que desciende hasta el teatro es invadida parcialmente por el forjado girado que conforma el suelo de la calle.

En este proyecto, además del espacio público existe un elemento que cabe destacar: la pasarela metálica de doble sección que se apoya suavemente en ambos extremos y es utilizada masivamente por los vecinos de Ripoll. Un proyecto acertado y funcional, que perdurará en el tiempo sin ninguna dificultad.

Mi próxima visita se ubica en Besalú, un pequeño pueblo medieval caracterizado por un precioso puente romano perfectamente conservado. En esta localidad se encuentra, alejada del bullicio y en mitad de una zona residencial de baja densidad, la guardería “El petit Comte” (2010). Otra intimista intervención que sorprende de nuevo por su cuidada y aparente sencillez.

Un bosque de árboles multicolor protege el frágil universo de los más pequeños. Una naturaleza artificial que se cierra al exterior y  que se transforma en espacio al interior jugando con la densidad de la “vegetación”. Las delgadas columnas de colores se difuminan  y mezclan entre sí en una divertida danza bajo el sol, como si formaran un arcoíris tras la lluvia. Al atravesar la puerta de entrada percibo una sensación de sencillez, que se transforma rápidamente en un increíble universo de sensaciones al recorrer todo el interior de la guardería. La luz inunda todos los espacios y juega con un ejército de divertidos cilindros, llenando de vida un espacio rebosante de sonrisas y sueños por cumplir. Un nuevo ejemplo de depuración majestuosa que conduce a la creación de ricos espacios con muy pocos elementos.

Mi coche me conduce hasta la capital de la provincia. En este lugar se encuentra la facultad de Derecho, concluida en 1999 por RCR. Un edificio ajeno al espíritu arquitectónico del estudio, que además se encuentra exteriormente en un estado de evidente deterioro.

El acceso a este edificio universitario se encuentra sobre-elevado, y los espacios quedan divididos en sección a media altura desde las dos cajas de escalera. Es evidente que se ha priorizado un esquema de funcionamiento, dejando a un lado otros aspectos muy importantes. La supuesta fuerza interior de los volúmenes exteriores en voladizo desaparece en el interior, y lo único destacable es el triple espacio en la zona de cafetería. Un edificio anodino, con un esquema de circulación en forma de “U” y que se ilumina a través de nueve patios ortogonalmente dispuestos. En el interior no se detecta ni un solo detalle de diseño que tanto caracteriza  a sus autores, de forma que seguramente en este trabajo hubo condicionantes ajenos a la voluntad de los arquitectos que impidieron la creación de un proyecto más personal. Sin duda, una de las obras que menos me ha gustado en este viaje.

El día avanza y toca regresar hacia Olot. Pero aún hay tiempo para seguir disfrutando de la mejor arquitectura. En Riudaura, una localidad próxima a Olot, se encuentra el “Centro Cívico” de la localidad (1999). Un edificio municipal que actualmente se encuentra en desuso, cerrado, pero que seguramente vuelva a funcionar en un futuro próximo.

En este proyecto se repite el esquema de funcionamiento que en otras obras (zona de atletismo de Olot), donde el desnivel del terreno y la necesidad de incluir áreas exteriores de juego han determinado la solución arquitectónica. En Riudaura se plantea un pabellón de acceso  que dispone de un “vacío” cubierto, y desde donde se accede a la planta de semisótano que se halla abierta hacia la zona deportiva exterior. De nuevo la cubierta metálica del pabellón superior “flota” sobre las cajas de cristal, en una nueva y clara referencia a Mies Van del Rohe.

El anochecer anuncia su próxima llegada, y las fuerzas van decayendo. Pero hoy la cena será en un lugar muy especial, todo un referente en la región: el restaurante “les Cols” de Olot. Una importante obra de RCR, que en realidad consta de dos zonas: el restaurante, que ocupa la planta baja de la masía familiar de Fina Puigdevall y las carpas para eventos, un proyecto mágico ubicado en los jardines de la masía y que fue ejecutado unos años después que el restaurante. En ambos proyectos se pretende “evocar el pasado, la vida al aire libre, la sensualidad, la esencialidad, el arte culinario, el tiempo, el futuro…” (de la memoria del proyecto de RCR).

Antes de la cena realizo algunas fotografías del interior del restaurante y también de las carpas. Destinado a banquetes nupciales y eventos de todo tipo, ha resultado una de las obras que más me ha gustado de este viaje. Porque ha resultado un proyecto en el que la arquitectura se diluye, la naturaleza invade el interior, el silencio juega con el aire, la luz dibuja formas, las manos acarician, los olores sugieren y el sabor de un instante único hace deleitar a todos los sentidos. Porque la poesía tiene muchas formas de manifestarse en forma de arquitectura y esta es sin duda la más evidente de todas las que yo he conocido.

Junto a estos dos grandes proyectos de RCR se encuentra el hotel “Les pabellons”, otra brillante obra que indaga en el ser humano para hacerle disfrutar con oníricas sensaciones. Esta obra es únicamente visitable para clientes (algo perfectamente comprensible), por lo que queda pendiente un nuevo viaje con la compañía adecuada.

La cena para uno en el mejor restaurante en el que he cenado me producía cierto temor. Pero con la excusa de visitar de cerca esta obra de RCR superé mi recelo inicial y finalmente fue todo un éxito. Algo más de cuatro horas de puro placer. La realidad es que cuando uno se encuentra a gusto consigo mismo y en compañía de la mejor arquitectura, cada momento es simplemente único e irrepetible.

Olot: viaje al corazón de un Pritzker. Día 1

Olot es una pequeña y rica ciudad situada al norte de la provincia de Girona. Sus cerca de 35.00 habitantes conforman la capital de la comarca de la Garrotxa, conocida por sus fascinantes y exclusivos paisajes volcánicos. Alejada geográficamente, se encuentra conectada con el mundo a través de 3 personas: Ramón, Carme y Rafael. Ellos lideran el estudio RCR, que ha puesto a nivel arquitectónico en el panorama  internacional a la ciudad que los vio nacer. El mejor ejemplo de que el trabajo bien hecho y la constancia son capaces de derribar cualquier muro geográfico y superar todas las fronteras culturales.

A lo largo de cuatro post os resumiré brevemente la experiencia que he vivido cada uno de los días que he estado recorriendo la obra construida de RCR en la provincia de Girona. Tres creadores que “mantienen un reto: la búsqueda de una arquitectura desmaterializada, transparente, sin límites, puro espacio en simbiosis con la naturaleza”. (Josep María Montaner, comisario de la exposición monográfica realizada por RCR en el Museo ICO de Madrid en 2016).

Llegué un lluvioso mediodía de primavera, con el cuaderno de notas impaciente, mi réflex preparada y las ilusiones intactas. Mi bicicleta me acompañó hasta la primera parada: el parque gredal del volcán Montsacopa. Un lugar con unas vistas panorámicas espectaculares sobre Olot, aunque la intervención pública ejecutada es de muy escasa entidad.

Desde aquí me dirigí al Passeig Bisbe Guillamet, un boulevard situado en el centro de la ciudad. De nuevo se trata de un espacio público que pretende vertebrar las circulaciones peatonales y de vehículos. El proyecto incluye la ejecución de un parking subterráneo que emerge sobre la rasante a través de dos volúmenes compactos que incorporan las comunicaciones verticales. El mobiliario urbano (luminarias, bancos y papeleras) se resuelven con gruesas pletinas de acero, fieles al estilo del estudio. Parece ser que las críticas vecinales impedirán la ejecución de una segunda fase de este proyecto, que incorporaría el paseo adyacente.

El tiempo pasa rápido y la débil lluvia no cesa. Se acercan las 16:00 h, momento en el que tengo cita con Andrea Buchner, responsable de la fundación BUNKA (“cultura” en japonés), creada desde RCR para promover la arquitectura en diferentes ámbitos. Andrea es una arquitecta alemana afincada en España; vinculada siempre a la gestión cultural y formalización de eventos arquitectónicos, será la responsable de guiarme individualmente por el espacio donde se alimentan las ideas de RCR. Un lugar donde sus raíces se nutren de ideas que germinan por todo el mundo.

Sus autores lo describen así en la memoria del proyecto: “Materializar un sueño: encontrar un espacio donde poder soñar. Con encuentros, discusiones, reflexiones, silencio, jardín, historia, y (…) oler respirar. Para crear: la arquitectura y el paisaje. Para compartir: nosotros y muchos más. Un lugar para sentir las fuerzas de la naturaleza, del aire, del agua, de la tierra, de la vegetación, del fuego…que impregne nuestra vida cotidiana y nos recuerde que somos efímeros y vulnerables, y que nos obligue a valorar lo esencial. Un lugar para realizar actos de magia, que a fin de cuentas es llevar la imaginación a la realidad”.

He visto con anterioridad diversas imágenes de la fachada del Espai Barberí y tengo la dirección del estudio; pero al llegar a mi destino me asaltan las dudas. En el exterior no aparece ningún rótulo que indique que tras la puerta que va a abrirse se encuentra el universo RCR. Es literalmente una fábrica de sueños, y no solo por el hecho de que uno de los espacios fue bautizado como el “pabellón de los sueños”. Un ejemplo inigualable de integración con lo preexistente, poniendo en valor la belleza de lo imperfecto. Un antiguo taller de fundición de campanas, que hoy se han transformado y los ecos metálicos del pasado suenan a arquitectura compartida. Sin duda, un lugar que no pertenece a este mundo.

Durante algo más de dos horas y media recorremos las diferentes zonas de trabajo que conforman este mágico estudio de arquitectura, resuelto en dos plantas. El acceso se produce directamente a una espacio distribuidor abierto, con vistas hacia la zona exterior existe en la parte posterior. El acero lo inunda todo. Varias personas pasan junto a mí ajenas a mi presencia. La concentración de todos los componentes del estudio (que después podré ver más de cerca) es evidente. En la planta baja se hallan varias zonas abiertas sin calefactar, poco recomendables en las épocas más alejadas del verano. Pero precisamente en estos espacios se desarrollan los diferentes talleres estivales de arquitectura y fotografía. Existen también un área de trabajo para la elaboración de maquetas y un laboratorio de pruebas en la zona más alejada de la entrada se encuentra.

El citado pabellón de los sueños es una joya: una caja decristal que respeta la historia y la naturaleza, y que permite realizar múltiples reuniones o presentar los proyectos a los clientes (siempre con dibujos a mano, con ideas, sin apenas planos).

En la planta primera, accediendo por una enigmática y oscura escalera de acero se encuentran dos zonas principales: el estudio de arquitectura ( donde se encuentran 15 personas aproximadamente) y despacho de Rafael, Carme y Ramón. En la zona del estudio se mantienen a la vista los muros de piedra y las cerchas de madera, destacando las mesas de cero en voladizo de casi 5 metros.

El despacho de RCR es de planta cuadrada y dispone de un gran ventanal hacia la calle ligeramente elevado. Este espacio destaca por su gran altura, donde una impresionante biblioteca hace de telón de fondo y sorprende por la ingente cantidad de publicaciones que alberga. En el centro del espacio, una amplia mesa de cuadrada dispone de tres sillas para albergar tres universos creativos.

Al terminar la visita, uno sale de allí en una nube. El diseño de cada elemento y la lluvia incesante de dibujos, maquetas y proyectos de todo tipo que habitan allí te hipnotizan y transportan a otra dimensión.

Tras un breve periodo para reflexionar sobre todo lo vivido, me dirijo hacia mi siguiente parada: el pabellón de baño situado junto al río Fluviá. Una obra pequeña, la primera que conocí de sus autores, que descansa sobre un húmedo manto verde. Una auténtica joya. Los tres planos que componen esta obra flotan sobre los cuerpos que albergan el programa, una pequeña terraza con bar y aseos. El frescor de la hierba tras la lluvia envuelve esta pequeña construcción, protegida por robustos árboles, que sirvió a RCR para abrirse camino allá por el año 1995 (aunque la obra fue finalizada en 1998). Un ejercicio de depuración, que denota la influencia de Mies van der Rohe.

Desde aquí accedí a la zona deportiva donde se encuentra el pabellón 2 x1, un pequeño volumen desplegable en acero corten que contienen el bar del campo de rugby. Una réplica en miniatura de los principios con los que se germinó el Pabellón de baño.

Esta zona deportiva posee así mismo un estadio de atletismo, que con su edificio de vestuarios completa la actuación en esta zona. Este edificio se construyó unos años después que las pistas y busca la integración con el bosque circundante. Está resuelto en dos plantas: planta baja (acceso) y semisótano (donde se disponen los vestuarios a nivel de pistas).

Mi llegada a esta obra fue antinatural ya que accedí desde el río, por la parte posterior del recinto deportivo. Sin embargo, el recorrido lógico es desde la parte superior, donde de nuevo una cubierta se apoya sobre dos volúmenes que dejan un paso abierto hacia el paisaje e invitan a generar un recorrido hacia la parte inferior.

Cabe destacar el pavimento exterior de toda esta obra, y que se realizó a base de armaduras de acero corrugado perfectamente alineadas sobre una base de piedra volcánica irregular.

Muy cerca de allí, siguiendo la “ruta verde del carrilet” se encuentra el ¨Parque de Pedra Tosca”(2004) en Les Presses. El acceso a esta zona volcánica también es obra de RCR. Este lugar de inusitada belleza natural es ya de por sí es un reclamo, envuelto muchas veces en una niebla que le concede un aire misterioso y enigmático. La zona de acceso aumenta esas sensaciones, al haberse creado con maestría pasadizos  con paneles de acero corten que por un lado contienen la fuerza de la naturaleza y por otro focalizan los recorridos a modo de pequeño laberinto. Un recurso que se repetirá en obras posteriores, como por ejemplo las bodegas Bell-Lloc de Palamós (2007).

Así concluye mi primer día en el corazón de un Pritzker. Con siete obras visitadas y muchos sueños por cumplir.