El cliente

Hace tiempo que llevo pensando en escribir un post acerca de los “clientes”. Sin duda, un tema delicado. Porque siempre he tenido miedo a abordarlo y que florezcan mis sentir más oscuro y profundo (sic). Pero recientemente he visitado una de las obras que más reflejan mi yo” hecho arquitectura ( reforma de portal en la calle florida 62 de vitoria-gasteiz) y me he decidido a afrontar este pequeño-gran reto. Precisamente porque después de 4 años de haber concluido esa obra, y casi 3 años después de haberla visitado por última vez, descubro una enorme cantidad de detalles atemporales que perduran, y certifico que el paso del tiempo no ha deslucido ni un ápice el proyecto que realicé gracias a la confianza del cliente. Aunque esté mal que yo lo diga, el resultado es impecable, y por supuesto también tiene parte del mérito la empresa contratista Azcoan.

Y este sentimiento de orgullo choca precisamente con el estado en el que avanza otra obra que estoy realizando en este momento: también otro portal y también (¡oh, no!) otra comunidad. Porque el título de ese trabajo podría ser: “Cómo arruinar un diseño en 5 minutos”.

Ser arquitecto es muy difícil. También ser encofrador, albañil o pintor. Precisamente porque gran parte del trabajo que realizamos no se ve. Labores ocultas, preparativos imprescindibles que son absolutamente necesarios para alcanzar un gran resultado. Aunque todo depende del nivel de auto exigencia de cada persona. Por eso yo valoro a todas las personas que se esfuerzan en realizar bien su trabajo. En mejorar. Sea cual sea su labor. Leonardo Da Vinci afirmó: “Una obra de arte nunca se termina; sólo se abandona”. Una aseveración que oí en multitud de ocasiones hace ya muchos años, cuando era estudiante de la Escuela de artes y oficios de Vitoria. Con un proyecto sucede lo mismo. Cuando me enfrento a un trabajo en “modo creativo” no me conformo fácilmente; intento madurar mis ideas hasta que el resultado es totalmente de mi agrado. Mis cuadernos de viaje me inspiran; todos esos pequeños dibujos que realizo en pilot negro; junto a todas esas foto que tomo. Con mi cámara y con mi cabeza. Y que se almacenan en una biblioteca virtual llamada “recuerdos”. Un lugar al que siempre vuelvo. Me fijo en los mejores proyectos de los mejores arquitectos de mundo (para mí),y ordeno todos esos detalles para intentar dar un paso más. Para mejorarlos. Algo que a priori puede parecer imposible. Pero que quizás no lo sea, porque el punto de vista de cada persona es diferente y el análisis es la base de la evolución.

La relación entre un profesional y un cliente se basa siempre en algo muy básico: la confianza. Y ese pilar falla, todo el trabajo se derrumba. Y así, un cliente desconfiado puede convertir a un gran profesional en el mayor inútil del mundo. Por no dejarle hacer el trabajo para el que ha sido contratado. Así de sencillo. A mí me pasa. Sobre todo cuando es poliencefálico, como suele ser mi caso. Porque precisamente cuando el cliente cambia sin justificación objetiva una parte sustancial de un proyecto, yo comienzo sin retorno un proceso de distanciamiento. Como el barco que se aleja del puerto mar adentro. Empiezo en ese momento a dejar de acudir a la obra con la asiduidad que me caracteriza, a dejar de dar mi opinión (¡total, si no la van a tener en cuenta!) y por supuesto a no escribir en los odiosos grupos de whatsapp que lamentablemente se han comenzado a crear con motivo del inicio de una obra. Como enunció el historiador Salustio hace más de 2000 años: “La concordia hace crecer las pequeñas cosas; la discordia arruina las grandes”. Porque no se dan cuenta de que existen elementos vitales que no pueden alterase porque desvirtúan la esencia del proyecto. Y es que un diseño sintetiza el universo de su creador: como el sistema solar. Es decir, es un conjunto de elementos en equilibrio. Y si se altera alguno, se desequilibra el conjunto y el resultado puede ser desastroso.

El libro “Palabra de arquitecto” de Laura S. Dushkes, recoge múltiples citas destacadas de algunos de los arquitectos más célebres. Entre ellas, quiero destacar la que aparece del gran genio canadiense Frank O. Gehry: “No sé por qué la gente contrata arquitectos para luego decirles lo que tienen que hacer.”

Puede que sea un tanto atrevida esta afirmación, pero en muchas ocasiones me identifico totalmente con este sentimiento. Así que si van a emprender cualquier tipo de obra: por favor, dejen trabajar. El resultado será mucho mejor.

 

 

Día mundial de la arquitectura

Hoy lunes, 1 de Octubre de 2018 es el día mundial de la arquitectura. Nada menos. Y uno puede preguntarse… ¿qué es eso de la arquitectura? O también: ¿ es necesario un día mundial de la arquitectura? (…) Seguramente sí, sobre todo teniendo en cuenta  la enorme cantidad de causas baladíes que el ser humano desea reivindicar y que produce como resultado que falten ya días del año para conmemorarlas todas. ¿Y qué sería de la arquitectura sin sus artífices creadores? ¡Los arquitectos! Una profesión demasiado idealizada (por propios y ajenos) y que no demasiadas veces produce frustración -propia y ajena- (sic).

Esta celebración surgió hace muy poco tiempo. Concretamente, en el año 2005 la “Union International des Architects” (UIA) celebró por primera vez el día mundial de la arquitectura con el objetivo de reivindicar ante la sociedad la responsabilidad de nuestra profesión. Y en ella se incluyen muchos aspectos, entre los que cabe destacar  el respeto al planeta y sus recursos naturales, los diseños eficientes energéticamente, la adecuación de los sistemas constructivos a cada uso, la idoneidad del uso de los materiales naturales o fabricados en el entorno, y por supuesto, la belleza e integración en el entorno, pero siempre reflejando la arquitectura de la época en la que se construye.

Este día no se celebra un día concreto, sino que es el primer lunes del mes de Octubre. Precisamente hace dos años, el lunes 3 de Octubre de 2016 tuve un regalo muy especial en el estudio de “Delugan Meissl”. Y no fui consciente de la coincidencia con la efeméride hasta días después del suceso. El caso es que a las 8:00 de la mañana de aquel día me encontraba frente al edificio que alberga el “Attic Ray One”, una impresionante obra de reforma de vivienda que dicho tándem de arquitectos realizó hace años en el centro de Viena. Y la escasa visibilidad de esta obra desde la calle me llevó a pensar en la posibilidad de ascender al edificio que se encuentra justo enfrente. Y al girar mi cabeza, mi sorpresa fue encontrarme allí con el rótulo que señalaba la ubicación del estudio “Delugan Meissl Architects”.Tras la duda inicial, me armé de valentía y toqué el timbre. La puerta del portal se abrió y… la visita fue una experiencia inolvidable, con regalo incluido de su monografía “VOL.1”.

Este año, cuando cojo el portátil para escribir este post miro hacia la mesa de mi salón y observo el libro que descansa sobre ella:  “Yes is more”. Se trata de un arquicómic que trata sobre la evolución arquitectónica, pero que recoge la obra del estudio de arquitectura responsable de la publicación: el influyente estudio danés BIG, representado por su fundador Bjarke Ingels. Es la segunda vez que leo este libro, ya que cuando pasa el tiempo me gusta retomar textos que me agradaron en el pasado. Y es que a pesar de las diferencias de criterio que pueda tener con las afirmaciones de Bjarke Ingels (al comienzo del libro cuestiona  la evolución del movimiento moderno), considero que este arquitecto es una figura tremendamente relevante en el panorama arquitectónico actual y debe tenerse en cuenta su punto de vista. De hecho realiza afirmaciones que resultan totalmente acertadas como ésta: “La trayectoria de un arquitecto es el resultado de casualidades y oportunidades fortuitas. Los arquitectos rara vez pueden planificar su carrera ni decidir qué quieren construir o dónde.” Y continúa hablando de las casualidades que permiten evolucionar y mejorar. Se me ocurren muchos ejemplos en este sentido, y uno muy gráfico (en otro campo)  es el descubrimiento de la penicilina. Como dijo el universal Pablo Picasso, “la inspiración existe, pero debe encontrarte trabajando”. Y eso es lo que yo hago siempre que la rutina me lo permite. Porque escaparse (a veces sin moverse del lugar) permite ver las cosas desde otro punto de vista. El ser humano se caracteriza por su capacidad de pensamiento. De análisis. Y el desplazamiento ayuda en la maduración de sus ideas.Por ello la arquitectura debe enriquecer el movimiento del ser humano a través de los espacios que habita. Es algo fundamental.

Si se le pregunta a un niño qué debe incluir una “casa”, seguramente diría que un tejado, paredes, puertas y ventanas. Y demasiadas veces los arquitectos olvidamos nuestra razón de ser y reducimos la arquitectura a paredes, ventanas y puertas.Y por ello en este punto retomo la definición de arquitectura que utilizaba Peña Ganchegui (DEP) , profesor honorífico de la Escuela de Arquitectura de San Sebastián( del que tuve la suerte de ser alumno): “ La arquitectura es mover el espacio para llenar el tiempo”.

Termino este texto haciendo una pequeña reflexión. La arquitectura es una cuestión de voluntad. Una voluntad que muchas veces debe ser envuelta en demagogia, puesto que un arquitecto no es otra cosa que un vendedor. Un vendedor de sí mismo y de sus ideas. Y por ese motivo expone las virtudes de sus propuestas; nunca sus defectos. Por todo ello puede concluirse que de su interés por diferenciarse y de su capacidad para resolver los puntos débiles de cada proyecto (a nivel de funcionamiento y constructivo) podrá alcanzarse una obra arquitectónica de calidad. Que perdure en el tiempo (el juez último) y que guste a una mayoría (de técnicos y neófitos en la materia), por valorar el esfuerzo creativo a pesar de que no comportan estrictamente el estilo lingüístico.

Feria del mueble de valencia: hábitat 2018

La semana pasada me desplacé a Valencia con motivo de la feria del mueble “ hábitat 2018 ”.Cualquier excusa es siempre buena para planificar un viaje y más si está relacionado con tu pasión. Directa o indirectamente. Porque el mueble es precisamente el elemento que confiere escala humana a los espacios, y cumple en definitiva la función de humanizar la arquitectura.Siempre sucede. Cuando nos encontramos en proceso de construcción, cualquier estancia parece mucho más pequeña de lo que realmente es. Incluso una vez que está finalizada la obra. Sólo cuando los utensilios creados por el hombre comienzan a invadir estos vastos territorios surge la escala.

El resultado de mi visita a la feria de Valencia ha sido decepcionante. En primer lugar por la dimensión de la feria, ya que aunque era la primera vez que la visitaba (siendo la segunda feria de muebles a la que acudo) me ha parecido pequeña en relación con mis expectativas. Bajo el título de “hábitat”, cuatro pabellones con la denominación “Contemporáneo”, “Diseño y “Alta decoración” (aunque entre ellos no hubiera demasiadas diferencias) han albergado la presente edición.

Porque precisamente el principal motivo de la sensación con la que salí de la feria (visitada pausadamente durante una tarde y una mañana) fue el contenido de la misma. Predominancia del estilo clásico y los tonos ocres. Mucho sofá, mucha cama, mucho jarrón y mucho dorado. De espacios creados con diseño y buen gusto… más bien poco. Todo en la misma línea de mueble “convencional” destinado al público en general, salvo muy contadas excepciones, como podría ser el caso de Vondom o el grupo Voolcan. Por ello deduzco que es una feria enfocada principalmente a la venta directa y no a la imagen de marca que cada empresa desea proyectar.

La arquitectura abarca un amplio campo de trabajo, y sin duda el diseño de todos los “objetos” que llenan un hogar son parte inherente de la profesión. A lo largo de la historio grandes arquitectos han participado de su obsesión por definir todos los detalles de un proyecto, incluyendo muchas de la piezas que formarán parte de los espacios una vez se conviertan en realidad. Arquitectura y diseño van por tanto de la mano, y no necesariamente uno va delante del otro, ya que hay ejemplos que contradicen cualquier afirmación (el más conocido, el del carpintero, diseñador y arquitecto holandés Gerrit Rietveld, autor de la joya universal casa Schröder de Utrect).Actualmente hay casos como el de Carme Pinós, que tanto en su web como en una pequeña y coqueta tienda del barrio de Gracia en Barcelona tiene a la venta pequeñas piezas de mobiliario, precisamente bajo el título de “OBJETS”.

Debo reconocer que desde el proyecto fin de carrera (que ya incluía diversas piezas diseñadas por mí, desde a bancos hasta luminarias) muchas son las creaciones que he esbozado en mis cuadernos de viaje. Y la mayoría son todavía papel, aunque no descarto la posibilidad de convertirme en un “maker” (como ya existen muchos ejemplos) y producir en pequeñas cantidades todos mis diseños de sillas, mesas, luminarias, etc.

Pronto podré habitar mi sueño y en mi casa cada elemento será elegido a conciencia. Estoy seguro de que gran parte de la decoración será diseñada por mí, incluyendo algunos de los cuadros con los que se vestirán las infinitas y blancas paredes.

¿construcción offsite? No, gracias

La arquitectura existe gracias a la construcción. Y esta última no es otra cosa que el proceso de materialización de cada idea o proyecto que antes ha “construido” alguien en su cabeza: normalmente, el arquitecto. Ambos se necesitan mutuamente y se complementan en perfecta armonía hasta alcanzar el resultado deseado (casi siempre).

 La construcción es un proceso que combina procesos de fabricación industrializados con otros trabajos de producción que pueden denominarse “manuales” (puesta en obra). El elemento prefabricado es imprescindible; desde un ladrillo hasta una pieza de cerámica, pasando por vidrios, perfiles metálicos, tejas o tablas de madera. Todos ellos funcionan como “piezas” de un complejo entramado que permite, por adición y combinación, la materialización de infinitas creaciones arquitectónicas.

En muchos países europeos la utilización de elementos prefabricados de grandes dimensiones está mucho más extendido que en España. Desde paneles de fachada que incorporan aislamiento térmico, hasta escaleras, pilares, vigas y losas de hormigón prefabricado. Un sistema constructivo que reduce en gran medida las posibilidades compositivas pero que sin duda, en muchos casos, resulta de muchísima utilidad.

Un salto a mayor escala nos permite concebir “cajas” enteramente construidas en una factoría, para posteriormente ser trasladadas a su ubicación definitiva por tierra, mar o aire. Es el caso de las “viviendas cápsula” de Japón, hoteles con habitaciones formadas por “tubería” de hormigón de gran diámetro y en un caso mucho menos lúdico (desgraciadamente) las viviendas temporales en campos de refugiados.

La industrialización integral del proceso de construcción (viviendas completamente prefabricadas, modulares y/o apilables) es un campo en el que diferentes “visionarios” han querido crear una línea de negocio orientada al futuro próximo. Empresarios que denostan la construcción tradicional “anclada en el pasado” (evidentemente más artesanal). Abogan en definitiva por la tecnificación total del proceso de “fabricación”, y utilizando la tecnología actual plantean facilitar la producción en serie. En el País Vasco ya hubo hace años algún paso en esta dirección, pero la crisis abortó la incipiente apuesta. En este momento una importante promotora a nivel nacional está comercializando este tipo de producto en varias promociones propias. La idea es extrapolar el proceso de fabricación automovilística (totalmente en serie) al mundo de la construcción. Si se construyen coches iguales para miles de personas,… ¿ por qué no hacer lo mismo con las viviendas? Algo que desde mi punto de vista es un error total. Imagino el eslogan en un anuncio de televisión: “ ¿Te gusta conducir… mi casa?”.

Con los datos objetivos en la mano, puedo afirmar que entre las ventajas de la construcción fuera del solar (offsite) figura la reducción de los plazos de ejecución de la obra. Sin duda, un factor a tener en cuenta. Y es posible que en muchos casos se reduzcan hasta en un 50 %. Otro dato a favor sería la consecución de remates de mayor calidad en los acabados, dado que dichos trabajos se desarrollan en mejores condiciones laborales (cadena de montaje versus intemperie). Es evidente que nos encontramos ante una gran ventaja, ya que con la industrialización la marcha de una obra no depende de la climatología y reduce enormemente también el factor humano (accidentes laborales, coordinación de diferentes gremios e incidencias de todo tipo).

Casi con total seguridad los gastos de gestión de residuos también se reduzcan, y este factor medioambiental también no debe obviarse. Sin embargo, un dato muy importante es el factor económico. Aunque en este punto, el resultado es muy similar en ambos casos. Los costes de producción tanto en el sistema tradicional como en el industrializado son muy similares, incluso mayores en el segundo caso. Y el volumen de fabricación evidentemente debe ser grande para poder rentabilizar la inversión inicial que conlleva una fábrica de este tipo.

Desde mi punto de vista esta vía de trabajo no debería avanzar más  allá de ser una línea de experimentación más, y cuyas aplicaciones sigan siendo, de forma inherente, muy limitadas. Es un tipo de negocio enfocado a la vivienda unifamiliar o colectiva, no aplicable en obras de otros usos o escalas. La estandarización de las soluciones constructivas puede parecer inicialmente una ventaja, pero se convierte en un arma de doble filo por las escasas opciones que admite. Además, siempre va a precisar de la construcción tradicional (movimiento de tierras, cimentación, montaje de los diferentes módulos, cierres de parcela, etc).

El movimiento internacional surgido en Europa a principios del siglo XX (denominado de diferentes formas en cada país) abogaba por una arquitectura atemporal y universal, que fuera válida en cualquier ubicación. Pero se trataba de un “estilo”, no de un sistema constructivo limitado. Porque la repetitividad es perfectamente válida siempre y cuando lo que se foije es una línea de trabajo abierta, que permita desarrollar la creatividad de su creador.

La arquitectura no se puede delimitar por una serie de patrones. Simplemente porque va en contra de su razón de ser. A nadie se le ocurriría limitar a un pintor los colores o las técnicas que puede utilizar. Una vivienda no es un vehículo. ¿Que deben mejorarse los acabados, reducir los plazos y los residuos generados? Por supuesto que sí. Pero la industrialización no es la respuesta.

arquitectura contemporánea en bélgica 2018

Recientemente he realizado una escapada a Bélgica. Era un país que tenía pendiente de visitar desde hace muchos años, y las 2 obras que han realizado RCR en este país fueron la excusa perfecta para planificar esta nueva aventura arquitectónica. Finalmente Bruselas me ha servido de punto de partida para visitar otras dos naciones muy próximas: Holanda y Francia. Por ello, el resultado final de mi viaje han sido seis ciudades de tres países: Bruselas, Brujas, Gante, Amberes, Eindhoven y Lille.

La mejor guía para visitar este abierto y pacífico” país centroeuropeo es “Best Buildings Belgium”, publicado por Luster, una editorial  con sede en Amberes y que está especializada en arquitectura. En realidad se trata de un libro de bolsillo que enumera y ubica  94 obras realizadas en Bélgica a lo largo del siglo XX y principios del XXI. La primera edición fue en 2012 y en 2018 ha nacido una versión ampliada que no pude adquirir entre mis manos hasta justo después de regresar de mi viaje. Sin duda es una guía muy recomendable y que sirve para tener una visión general del país en lo que a arquitectura contemporánea se refiere. Los autores de la mayoría de las obras son desconocidos para mí, aunque también existen algunos más relevantes del panorama internacional (J.Hoffmann, M.Breuer, V. Horta, Le Corbusier, C. de Portzamparc, Neutelings Riedijk, Claus en Kaan, etc). Cuando se observa el plano de Bélgica con la ubicación de las obras, resulta curioso comprobar cómo todas se hallan en la mitad norte del país. Es decir, en Flandes. Como si la mitad Sur (Valonia) se encontrara separado del Norte por un gran muro que dividiera la nación horizontalmente. Es evidente que la zona ubicada al norte es la región que acumula mayor desarrollo y mayor riqueza. Ligada al mar, al comercio, cosmopolita, ha sido siempre el motor económico del país. Flandes comparte el idioma con sus vecinos de los Países Bajos, aunque se denomine de forma diferente. Algo que se nota especialmente en Amberes, la ciudad que más me ha gustado a nivel arquitectónico y que denota, a través de sus edificios, su carácter más evolucionado; un lugar que resulta menos turístico en base a su pasado y que realiza una mayor apuesta por el futuro.

A grandes rasgos, debo reconocer que durante mi periplo europeo he visto menos arquitectura contemporánea de la que esperaba; y la que he descubierto, no me ha interesado especialmente. Porque “nuevo” o “diferente” no significa ser de calidad. Sobre todo cuando se plantean constantemente anodinas cajas de cristal en una inexplicable invasión del centro de las grandes ciudades.

Afortunadamente se conservan en buen estado numerosos edificios históricos, a pesar de los múltiples incendios acontecidos por doquier a lo largo de los siglos. Algunos de forma fortuita; otros, intencionados. No en vano el centro de Europa fue escenario de múltiples escenas bélicas de lo más atroces.

Por ello, a falta de arquitectura de  mi interés, he aprovechado el tiempo para abrir los ojos y analizar el funcionamiento de las ciudades que he visitado. Al entrar en cualquier estación de tren de Bruselas (la “capital de Europa” y de un país neutral y de libre de pensamiento) grupos de soldados que pasean tranquilamente con enormes armas automáticas en sus manos me recuerdan que vivo inmerso en una guerra silenciosa. Por la calle, bicicletas conducidas por jóvenes semi-esclavos de la “economía colaborativa” atraviesan a toda velocidad céntricas plazas y calles con un enorme cubo de tela en sus espaldas. En los despachos se debate acerca de la legalidad de los pisos turísticos, otro punto de conflicto entre la tradición y la  modernidad. Airbnb o Uber son los nuevos gigantes de un mundo que se mueve demasiado rápido y que necesitan una legislación que proteja a todas las partes involucradas. Los turistas que llegan a las ciudades caminan sin mirar hacia arriba; en su mano derecha, una ruidosa troley les sigue atentamente sin hacer preguntas. En su mano izquierda, el dedo pulgar alzado permite intuir que el móvil que se apoya sobre la palma de su mano abierta hace las funciones de mapa gracias a su infalible navegador “google maps”. Y al caer la tarde, niños de corta edad juegan dentro de una caja de cartón imaginando que es un coche; o un tren; aunque en realidad ese frágil volumen marrón será su hogar durante una buena temporada.

(….)

Conocer la historia reciente te permite comprender el desarrollo de cada región. Si Brujas está “anclada en el tiempo” y mantiene un encanto especial es por la desaparición de su puerto marítimo. Una infraestructura que se desplazó a su hermana Amberes, que sirvió como refugio para los diamantes de la India; un detalle nada baladí y que sirvió para atraer a muchos judíos. Algo parecido a lo acontecido en Rotterdam (Países Bajos).

La historia se repite siempre: el comercio en la época medieval supone la consecución de grandes cantidades de dinero y con ello la aparición de las clases sociales. La arquitectura comienza así a hablar de sus moradores y se utiliza como signo de distinción frente al resto. Un signo que llega hasta nuestros días, aunque poco a poco lo material vaya perdiendo importancia y se valoren más otras riquezas vitales no materiales.

Mi primera visita en Bruselas fue la “Grand place”. El centro neurálgico de la ciudad, donde a pesar de los terribles errores arquitectónicos de su principal edificio, el gran “atrezzo” tridimensional funciona como un potente imán para los turistas de todos los rincones del mundo. Inexplicablemente de los lugares más lejanos. Y el gran valor de esta plaza es precisamente el vacío lleno de gente.

En esta ciudad también disfruté del barrio del sablón, que esconde algunos tesoros del pasado en sus múltiples tiendas de antigüedades. Y del edificio de viviendas alternativo “Cheval-noir”, ubicado en poco turístico barrio de Molenbeek. Aquí convive un volumen deconstructivista forrado de zinc con un edificio existente rehabilitado, y que quedan comunicados por múltiples pasarelas.

En Gante, la “biblioteca de Krook“ ocupa un lugar privilegiado de la ciudad. Un espacio céntrico y muy visible, aunque a la vez poco accesible. El proyecto fue publicado extensamente en la revista el croquis en junio de 2017. Concretamente en el Nº 190, un monográfico (el tercero de esta editorial) sobre los arquitectos RCR. El estudio de Olot, Girona que poco tiempo antes había alcanzado el máximo galardón de nuestra profesión: el premio Pritzker 2017. Sobre papel, esta obra nunca me cautivó. Una gran caja de lamas de aluminio en color bronce que no termina de entenderse exteriormente. Una mezcla entre la Biblioteca Sant Antoni de Barcelona y el edificio de oficinas de Sant Cugat del Vallés. Y tras haberla visitado, la sensación no ha variado. Desde mi punto de vista, los autores se han centrado mucho en el programa, en el funcionamiento y en la materialidad de los elementos. Pero en esta obra no se perciben las sensaciones que transmiten la mayoría de sus obras. Nada que ver con el museo Soulages, otra obra coetánea. Por ello, lo más destacado es el minucioso estudio de los materiales, colores y texturas para conseguir una uniformidad de color y una (casi) perfección en el encuentro de los distintos elementos.

Mi incursión a los Países bajos fue tremendamente fugaz en esta ocasión: visita de un día a Eindhoven, la capital del diseño (y de Philips). Una pequeña ciudad del sur del país desconocida para mí, que prometía mucho pero que finalmente me decepcionó. La pequeña “caja” Effenaar (sala de conciertos) de MVRDV es de lo más destacable, muy próxima a la zona comercial (el corazón de la villa) y su estación de tren.

Aunque para decepciones mi incursión en Francia. Lille ha variado muy poco en los últimos 20 años. Es una ciudad que visité junto a mis compañeros en un viaje organizado por la escuela de Arquitectura de San Sebastián.En aquel momento esta ciudad hizo una gran apuesta por la modernización y le sirvió para obtener pocos años después el galardón de “Capital Europea de la Cultura”. Pero desde entonces, el estancamiento de esta urbe es evidente y apenas se han construido algunos bloques de viviendas en la zona sur de la ciudad. Los grandes equipamientos que se construyeron en las postrimerías del siglo XX (Koolhaas, J. Nouvel. , C de Portzamparc) se mantienen impertérritos soportando el paso del tiempo. Junto a ellos han surgido nuevos edificios de oficinas, hoteles, etc de escaso interés que no han conseguido volver a hacer brillar a esta ciudad gala como lo hizo en el pasado.

Finalmente, tuve la suerte de visitar Amberes. Una ciudad rica en la que se respira modernidad y diseño. Y no precisamente por el Museo Aan de Stroom ( MAS) de los holandeses Neutelings-Riedijk. Un proyecto pésimo que ganó un concurso de ideas (sic) y que resulta tremendamente desafortunado en cuanto a funcionamiento, distribución y estética. Más bien por otras actuaciones que se perciben en la ciudad, y entre las que existe una clara protagonista: Zaha Hadid (DEP) y su edificio de oficinas portuarios. Una de sus últimas obras (finalizada en 2016, poco después de su trágico desenlace) y que simplemente resulta inigualable. Apabullante. Demoledora. Enérgica. Una escultura gigantesca que recuerda a la proa de un barco accediendo al puerto de  Amberes.

Ubicada al norte de la ciudad, en una plaza que merecidamente lleva el nombre de su autora, se alza como icono de una nueva era. Sirve además como punto de referencia dentro del entorno de agua salada en el que se ubica. Para mí, es una de las mejores obras que he visitado de esta genio iraquí que supo ser fiel a sí misma y encontrar su propio hueco en el mundo. El acceso al interior del edificio es posible concertando una cita previa, y debo reconocer que hacerlo para mí es causa justificada para volver a Amberes. Os recomiendo que ampliéis información sobre esta joya arquitectónica con el nombre de “ Port of Antwerp”.

Bélgica quizás no sea la panacea del diseño y la arquitectura, pero bien merece un viaje. ¡Hasta la próxima!

sociedad gastronómica en vitoria-gasteiz

Hoy es presento un pequeño proyecto que realicé hace tiempo, pero que he rescatado porque me gusta mucho. Desgraciadamente, no puedo ver la luz. Y quizás por eso ( seguro) , me guste aún más.

El encargo suponía el acondicionamiento de un pequeño local ubicado en la planta baja de un bloque de viviendas del extrarradio de vitoria-gasteiz. Un espacio inevitablemente volcado al interior. Un ejercicio de introspección que habla de dinamismo y una vez más de movimiento detenido en el tiempo. Trasladando a la arquitectura el principio de “inacción” que ha caracterizado al fotógrafo estadounidense William Eggleston.

Es una propuesta que plantea la expansión de un espacio a través de la luz, las perspectivas infinitas y el juego de volúmenes interiores. Un lugar de sueños, de conversaciones, de juegos, de abrazos, de besos, de sabores, de miedos y de secretos. Todo mezclado en un crisol llamado vida.

Dicen que una imagen vale más que mil palabras. Y para mí, el plano que acompaña a estas palabras me sugiere infinidad de ideas. De posibilidades. De acabados.

El gran protagonista que dinamiza el espacio es el cuerpo convexo de la cocina. Genera una tensión espacial que fuerza la circulación hacia a ambos lados, permitiendo descubrir las distintas áreas previstas dentro de un espacio único. Y de esta forma el comedor, la barra, el estar y la zona de juegos disponen de espacios exclusivos sin perder el contacto con el resto de los usuarios.

Este tipo de proyectos dicen mucho de mí; es la arquitectura que refleja mi estilo, quien soy; y que busca enriquecer los proyectos y llenar la vida gracias a la combinación de materiales, texturas y colores.

 

museo soulages. rodez, francia

El museo Soulages es un hito en sí mismo. Marca un antes y un después en la vida cultural de una pequeña localidad francesa llamada Rodez (situada 200 kms al norte de Toulouse) y en la ya imparable trayectoria de sus tres artífices. Porque como seguramente todos sabéis, esta es una de las primeras obras internacionales de relevancia proyectada por el estudio multidisciplinar olotense RCR arquitectes.

El museo actúa como elemento de fijación de una difícil topografía: un terreno en ladera abierto al horizonte lejano. Porque Rodez está en lo alto de una colina, y el emplazamiento disponible para esta obra es absolutamente privilegiado. El museo resuelve magistralmente las dos escalas, los dos niveles y el programa de museo necesario. Y lo hace con rotundidad, como todas las obras de Rafael, Carme y Ramón. De esta forma, museo y paisaje se funden en perfecta armonía y ya no se puede imaginar el uno sin el otro. Ambos se necesitan y alimentan mutuamente bañados por  la luz del sol que acaricia los volúmenes de acero corten sin que nadie se interponga en su trayectoria. Resulta inevitable trasladarse con la mente hasta una obra de su primera etapa: la “casa horizonte”, la vivienda unifamiliar de “la Fina” en la Vall de Bianya (2003).

Mi primer conocimiento de la existencia de este edificio fue a través de la revista El croquis nº 162 (segundo monográfico sobre RCR), publicado en 2012. En aquel momento  la documentación publicada era escasa, con alguna fotografía de la obra (volúmenes macizos de hormigón armado). Y realmente no fui muy consciente en aquel momento de la relevancia de esta obra. Cuatro años después, en la exposición monográfica organizada en el Museo ICO de Madrid a principios de 2016, fui plenamente consciente de la fuerza y el alcance de esta obra. Hasta el día de hoy, cuando puedo afirmar que el Museo Soulages es una obra cuidada, enérgica e integradora.

El embrión de este gran trabajo es la idea de crear un museo para el influyente pintor contemporáneo Pierre Soulages en su localidad natal. Un encargo que llega en mitad de una importante crisis en el sector de la construcción en nuestro país. Un factor que, lejos de perjudicar la carrera de RCR, sirvió para forzar la apertura internacional de su obra. Con diversos encargos en marcha en el país galo, este proyecto obtuvo el primer premio de un concurso de ideas. Fue elaborado entre 2008 y 2011, y los trabajos de construcción se desarrollaron entre 2011 y 2014.

Nos encontramos ante una obra con la marca personal de RCR. Sus obras se caracterizan por volúmenes rotundos, de gran personalidad, y que además suelen tener el gran suerte de implantarse en parcelas privilegiadas. En este caso, el edificio  está compuesto por cinco piezas opacas de diferente tamaño, dispuestas perpendicularmente a la ladera. Quedan unidas entre sí por un cuerpo acristalado de menor altura y que recorre longitudinalmente los cinco grandes cuerpos revestidos de acero corten. Esta espina dorsal es fuerte y concede unidad al conjunto, a pesar de ser atravesada por una gran escalera exterior de cuatro tramos, que resulta absolutamente imprescindible para mantener la circulación de personas entre el nivel superior (parque) y la zona baja de la ciudad. De este modo, el pequeño auditorio queda suspendido a modo de pasarela entre dos piezas más pesadas: el pabellón de acceso  y el restaurante “café Bras”.

El acceso al edificio queda perfectamente identificado gracias a una marquesina de enorme dimensión  y escasa altura respecto al suelo que permite crear una zona exterior cubierta. Se halla muy próximo del acceso al restaurante, que a su vez posee una doble entrada: desde el interior del museo (en horario de apertura al público) y directamente desde el parque, justo donde desembarca la gran escalera ascendente exterior.

Al acceder al interior del museo nos encontramos con un luminoso lobby de doble altura que se diferencia del tratamiento dado a la mayoría de los espacios  del museo. En  este nivel se localiza la tienda del museo, y el anteriormente mencionado auditorio. Una gran escalera  blanca (en este caso descendente) da acceso al nivel inferior donde se desarrolla el programa expositivo.

Lo primero que llama la atención cuando uno se adentra en el nivel inferior de este edificio es el cuidado tratamiento de las superficies. De todos los elementos. Una labor de depuración absoluta, que se une al ritmo estructural interminable que fragmenta transversalmente los espacios y al recorrer el edificio. Un ritmo que permite incluir en el techo un esquema repetitivo: franja perimetral de cartón yeso con placa central microperforada del mismo material y dos carriles eléctricos donde disponer los focos necesarios para iluminar las salas. Todo ello pintado en un impoluto negro. Las instalaciones se reducen a la mínima expresión, y la climatización de los diferentes espacios solo emergen a través de unas toberas de impulsión en los espacios de gran altura, y rejillas en suelo en las salas de menor dimensión, quedando siempre ocultas las rejillas de retorno.

Los acabados seleccionados para  revestir las paredes son el acero visto, el acero pintado con esmalte en color acero natural y el cartón yeso cubierto con pintura en color imitación al acero. Para los suelos, en todas las salas se han empleado chapas de acero de diferentes medidas siguiendo siempre un patrón.

Los muros acristalados disponen de estores de color negro para permitir lógicamente el control de la luz natural y crear precisamente una atmósfera íntima y envolvente que permita centrarse en el trabajo pictórico de Pierre Soulages. Esta atmósfera general se interrumpe puntualmente con salas que han recibido  un tratamiento antagónico, y en los que las paredes son totalmente blancas, y un gran techo acristalado permite la entrada cenital de una potente luz natural hacia el interior. Esto sucede en las dos cajas más esbeltas (estrechas y largadas) de acero corten.

Sin duda, nos encontramos ante una obra magistral, cuya visita resulta imprescindible para los amantes de la arquitectura contemporánea.

Escuela hogar en Morella, Castellón. 1986-1994

Un inesperado viaje me ha trasladado por mi cumpleaños hasta el mediterráneo. Y en el camino, he tenido la gran suerte de volver a visitar el interior de la escuela hogar de Morella. Sus autores eran unos jovencísimos Enric Miralles (DEP) y Carme Pinós inmersos en una meteórica carrera. Con un lenguaje propio, desarrollaron un estilo deconstructivista muy diferente a todo lo existente en aquel momento. Su relación sentimental y laboral se rompió en 1990 (antes de la construcción de este centro educativo). Lo deja bien claro la portada de la edición conjunta de la revista El croquis (número 30+49-50), un ejemplar que consulté muchísimo durante mi época de estudiante. Por ello, la dirección de obra del edificio de Morella la llevó en exclusiva Carme Pinós.

Hoy día muchos estudiantes de arquitectura con los que hablo no conocen a ninguno de los dos arquitectos, a pesar de que la segunda sigue en activo. Y bueno, las iniciales del  primero siguen operativas en el estudio barcelonés de la que fuera su segunda y última pareja sentimental y profesional: Benedetta Tagliablue. Pero para mí, EMBT es sólo la luz de una estrella que ya se apagó y antes o después terminará por extinguirse. Y es que desgraciadamente Enric nos abandonó en 2002 siendo muy joven (47 años).

La primera vez que estuve en Morella fue en el año 1999, recién licenciado en la escuela de arquitectura. En pleno agosto, recuerdo que un calor espantoso derretía el hormigón de los suelos y de las paredes exteriores. Acompañado por la conserje de este colegio (que residía allí) y con mi cámara réflex analógica en la mano me adentré en el interior de este impresionante centro escolar. En aquel momento ya conocía perfectamente el edificio (planos y fotografías), pero su gran complejidad hacía imprescindible visitarlo.

En aquella época, arquitectos y estudiantes de arquitectura de todos los lugares de España y del extranjero recorrían los edificios de este equipo de técnicos que había conseguido crear un lenguaje propio y colarse en lo más alto del panorama internacional. Fue una carrera fulminante, convulsa y fugaz a la vez, pero su trabajo sirvió para ofrecer una visión muy personal de la arquitectura contemporánea, reinterpretando los principios de la modernidad corbuseriana. Recuerdo que siendo estudiante, al término de una pequeña conferencia de Miralles en el centro Arteleku de San Sebastián, me acerqué hasta él y le pregunté, desde mi inocencia e ignorancia, en qué se inspiraba para desarrollar sus proyectos. La respuesta me sorprendió muchísimo, porque Enric mencionó en primer lugar a Le Corbusier. En aquel momento no pude entenderlo. Hoy, con el paso del tiempo, por fin he comprendido sus palabras. En Morella, de hecho, se pueden reconocer múltiples huellas del gran maestro suizo, como los brise-soleil verticales empleados en el exterior y en el interior de esta escuela. O las puertas pivotantes. O las composiciones geométricas de las fachadas. Pero también recurre a la cubierta ajardinada, la fachada libre, la ventana horizontal, etc.

La visita que he realizado en esta ocasión me ha trasladado inexorablemente en el tiempo. Y a la vez, me ha servido para ver el efecto que éste ha producido sobre esta emblemática obra.

Al aparcar mi coche en la explanada superior del centro, me da la bienvenida un potente canalón de sección en “V” que descuelga de una cubierta triangular de acero corten y me anuncia la presencia cercana de una arquitectura transgresora. Una línea interminable que recorre de lado a lado la fachada a frente de parcela y tensa el espacio como un arco a punto de disparar una flecha. Comienzo a descender la rampa de acceso al edificio siento que estoy penetrando en el interior de un trozo de la historia. Al menos de mi historia, la que me acompañó siendo estudiante y la que acompañará siempre. Esta obra se adapta al terreno, como un conjunto de piezas caídas sobre una áspera ladera, dejando que luz, aire, paisaje y edificio convivan en armonía.

Mi nuevo encuentro con este gran trabajo fue posible gracias a la actual directora (Pilar) a la que agradezco su tiempo y amabilidad. De su mano pude recorrer el interior de esta original obra y desgranar su opinión como principal responsable del funcionamiento del edificio. De este modo pude conocer los problemas de corrientes de aire interiores que sufren, y que ha supuesto la colocación de una doble puerta de acceso en algunas zonas. También han padecido filtraciones de agua sobre las aulas. Por ello, la gran terraza con lucernarios trapezoidales ha tenido que rehacerse por completo en dos ocasiones. Esto ha supuesto la alteración sustancial de la estética de esta zona, donde no solo se ha sustituido el material de revestimiento, sino que además se han eliminado lucernarios, bancos y los pocos lucernarios que han mantenido han quedado sobre elevados respecto al pavimento. También se han introducido bajantes de zinc donde antes la salida del agua de lluvia recogida se vertía libremente sobre el terreno (por ejemplo, en la zona de la entrada, al final de la rampa).Algunos cambios derivados del uso pueden comprenderse; otros, no tanto. La seguridad de las barandillas siempre fue un tema delicado en esta obra. Hoy día no cumpliría con el Código Técnico. Y en su momento, Carme Pinós defendía el diseño en las conferencias diciendo que “frente al mar tampoco existen barandillas, y no por ello las personas se precipitan sobre él”. A pesar de todo ello, actualmente apenas se han alterado algún pequeño tramo y sin embargo no consta la caída de ningún niño derivada de la seguridad de sus antepechos.

La acción de la naturaleza y las bajas temperaturas del invierno en también han causado daños sobre el edificio. Morella se encuentra a 984 metros de altitud, y en mi reciente paseo por esta obra pude observar soleras y losas de hormigón rajadas/escamadas, aplacados de piedra fracturados, elementos metálicos oxidados, etc. Y por los datos que poseo, el gran portón rojo con ruedas  ubicado en la entrada principal se soltó de sus fijaciones y los responsables del centro decidieron que lo mejor era que fuera retirado. Mejor suerte tuvo la enorme puerta pivotante del gimnasio, que a pesar de ceder (y caer) pudo ser recolocada en misma ubicación. A pesar de todo ello considero que la obra se encuentra en buen estado de conservación, seguramente porque ha estado en uso y ha tenido un mantenimiento adecuado. Porque otras obras de los mismos autores como la instalaciones de tiro con arco de Vall d´Hebron presentan un importante estado de deterioro.

En el año 2011 adquirí en Barcelona un libro recién publicado. Bajo el título “Enric Miralles a izquierda y derecha (también sin gafas)” el joven escultor catalán2.0  David Bestué analiza desde una opinión muy personal la mayoría de las obras del arquitecto, con la perspectiva del paso del tiempo y desde unos ojos “diferentes”. Este libro es muy recomendable pero debo reivindicar que quien hizo el encargo se olvidó incluir a Carme Pinós, al que nadie puede negar su participación en dichas obras a pesar de que, seguramente, el gran mérito deba recaer sobre Enric.

Recomiendo visitar esta gran obra, aunque soy consciente de que a la mayoría de los vecinos de esta pequeña localidad castellonense este edificio les parece espantoso. Pero es por desconocimiento. Porque si te dejas llevar, puedes adéntrate en el maravilloso mundo imaginado por Carme y Enric, disfrutar del juego interior de los espacios, saborear los pequeños detalles y comprender el valor del ingente trabajo que hay detrás de su obra.

A mí me ha encantado como la primera vez, y volveré en cuanto tenga ocasión. Porque si fuera posible, desearía permanecer en el interior sin prisas, con los planos de planta en la mano y aprendiendo de una arquitectura única e inimitable. Para mí, la escuela hogar de Morella es un imprescindible. Gracias, Enric (DEP) y Carme.

introducción al museo soulages

Inmerso en una trepidante y magnética vorágine que me atrapa inexorablemente para terminar la casa 33, he podido escaparme unos días a Francia con la excusa de visitar el Museo Soulages. Se trata de la primera gran obra de RCR arquitectes fuera de nuestras fronteras y supuso el camino de no retorno hacia la consecución del Pritzker en 2017. Esta escapada se ha producido casualmente justo un año después de haber recorrido gran parte de su obra por la provincia de Girona. Un viaje que sin duda marcó mi visión de la arquitectura.

Próximamente espero poder escribir acerca de mi visita a este contundente y original construcción de acero, y contextualizarla con el resto de su obra. Aprovecho para dar las gracias por su simpatía al grupo de estudiantes de tercer curso de  la Escuela de Arquitectura de Donosti (donde yo estudié), con los cuales coincidí de forma totalmente fortuita en la puerta de este museo. Me trasladó a mis años de estudiante, cuando yo disfrutaba de la misma forma que ellos descubriendo por Europa con mis profesores obras emblemáticas de grandes arquitectos.

Una de esas estudiantes me preguntó directamente: “ ¿ La arquitectura es tu gran pasión?. Y yo le respondí: “Sí. Totalmente”. Y pensé hacia mi interior: “Si no, no estaría aquí solo en mitad de Francia”. La ilusión es muy importante, y hay que alimentarla cada día. Con la arquitectura, también.

reforma de portal en vitoria-gasteiz

 

Hoy quiero compartir con vosotros uno de los últimos espacios que poseen mi firma. Se trata de un portal ubicado en el centro de vitoria-gasteiz, donde la geometría juega con el espacio, abrazando el aire y envolviendo a las personas que lo atraviesan. Donde la luz de la calle atraviesa el techo del portal y se diluye en un gran espejo ubicado al fonde del espacio. Y todo esto sucede gracias al gran protagonista de esta obra: la lámpara “RAY ONE”. Un prototipo diseñado por mí y que simplemente ha quedado espectacular.

Las obras nunca se terminan. Se abandonan. Y tampoco resultan jamás como fueron imaginadas. Con suerte, se aproximan. En el camino se pierden intenciones deseadas; y se encuentran sensaciones inesperadas. A veces el resultado es simplemente sorprendente. Para bien o para mal. Pero la búsqueda de un lenguaje propio se transmite en cada proyecto. A través de cada línea, de cada superficie. De cada espacio.

No me interesan las ideas: me importa el resultado. El estilo (aunque no sea el mío). Lo que me transmiten los espacios. Porque las ideas pueden ser muy interesantes, pero si no hay sentimientos es porque la calidad de esa arquitectura no es suficientemente buena.

Esta obra de reforma de portal vuelve a transmitir la idea de “movimiento detenido en el tiempo”. Una obsesión en mi trabajo. Un espacio donde las líneas se abren y se cierran; se juntan y se separan. Donde los reflejos confunden y los límites se diluyen. Público. Privado. Portal. Frontera. Suelo. Pared. Techo. ¿Dónde está el límite?

A pesar de los pequeños cambios acontecidos a lo largo de la obra, estoy contento con el resultado.